Vivir para escribir

Buscando mi voz. Relatos cortos y series

Polvo de urna
Tiempo aprox. de lectura: 1 min

Los padres de Carlos insistían en recuperar sus cenizas. Después de once años de rechazo y otros diez de desprecio, aún les quedaba un día de insultos, y el que debía ser uno de los días más felices de nuestras vidas, se convirtió en una pesadilla. Seguir leyendo…

Veneno de roca
Tiempo aprox. de lectura: 1 min

“La montaña es mi poesía”
Guido Rey (Torino 1861-1935)
Alpinista y escritor

Miro hacia abajo. Busco una herida en la roca, un mal corte, una arruga, algo que me permita un último apoyo. Lo encuentro. Más allá espera un abismo finito al que respeto sin miedo. Vuelvo la vista al cielo. Si fuera más largo ya estaría arriba, pienso. Pero no, soy lo que soy, una combinación de creación y materia esculpida por la vida. Una mezcla de imperfecciones que me hacen único. Seguir leyendo…

La despedida
Tiempo aprox. de lectura: 1 min

Para los que echan de menos a Soledad cuando no encuentran a Libertad.

Cuando volaba se sentía libre. Libre del marido con el que nunca quiso casarse. Libre de unos hijos que nunca quiso tener. Libre también de prejuicios y de miradas. De silencios al entrar en la panadería, y del murmullo al salir. Seguir leyendo…

La resurrección de Benito
Tiempo aprox. de lectura: 3 min

¿Recuerdan a Benito “el cojo”? Sí, el mismo, el de la parroquia endemoniada.

La noche de su resurrección fue mucho antes. A diferencia de la de Lázaro, el de Betania, la resurrección de Benito no requirió de la intervención de Jesús. Fue Belinda, la viuda del peletero, la que obró el milagro en el que ya habíamos perdido la esperanza. Seguir leyendo…

Los zapatos de mi abuela
Tiempo aprox. de lectura: 3 min

Para las abuelas que malcrían nietos, desesperación de padres y felicidad de hijos.

La diabetes que padecía mi abuela se ensañó con sus pies. Tal y como le había indicado el médico, ella seguía la dieta y había aprendido a inyectarse insulina. Para mejorar la circulación, ejercitaba sus piernas con el pedal de una vieja máquina de coser. Un modelo de singer de los años sesenta. Seguir leyendo…

Un trozo de Pablo para cada una
Tiempo aprox. de lectura: 3 min

Una historia con poco amor y mucha generosidad.

Si te digo que quería a Pablo con locura, me dirías: Ah, sí, qué bonito, una historia de amor. ¿Y si te digo que Pablo me engañó? Lo de siempre, responderías, una historia de infidelidad, otra más. Pero si te digo que lo descuarticé y le ofrecí un trozo a cada amante, ¿qué me dirías? Sí, lo sé, que debo haber perdido el juicio por hacer una cosa así. Pues no, te equivocas, porque en el fondo fue una cuestión de generosidad. Seguir leyendo…

Historias de un fotógrafo – Un día en la favela
Tiempo aprox. de lectura: 1 min

Mi primer trabajo para National Geographic fue un reportaje en Río de Janeiro. La enfermedad repentina y dudosa de un fotógrafo, el miedo declarado de otro y la desesperación del jefe de proyecto, me llevó a Favela de Rocinha. Según fuentes del gobierno brasileño, la favela con más población y delincuencia del mundo. Quiero un reportaje fotográfico para la próxima semana. Esa era la única exigencia. Ésa y que volviera con vida. Seguir leyendo…

Mi hermano Alexandre
Tiempo aprox. de lectura: 2 min

Alexandre fue mi mejor amigo durante tres días. Había venido desde el norte de Francia. Según me contó, era un sitio en el que casi siempre hacía frío. Su padre era un ingeniero de Amiens. Había llegado a Abuya para diseñar los mejores pozos de petróleo de Nigeria. Cuando me lo dijo, no lo podía creer. Yo no sabía lo que era un ingeniero, pero si diseñaba pozos, y eran los mejores, debía ser alguien importante.

Una tarde pasamos por un garaje donde mezclaban heroína. Seguir leyendo…

Eugenio, genio del mes – El viaje de Cleto
Tiempo aprox. de lectura: 4 min

La lección de Cleto.

—¡Eugenio! Preséntese ahora mismo en mi despacho.

Eugenio dejó todo lo que no estaba haciendo y entró en el despacho del ministro de los genios.

—Dígame, señor ministro. Seguir leyendo…

Aroma de vainilla
Tiempo aprox. de lectura: 2 min

Para los que esperaron por los que no volvieron. Con el deseo de que vuelvan algún día o esperen en un lugar mejor.

Todas las noches hacían el amor como si fuera la primera vez. Luego se dormían abrazados y les despertaba la costumbre. Ella se levantaba antes y preparaba el café. La cafetera le recordaba a su padre. Silbaba, apagaba el infiernillo y volvía a la cama. Cinco minutos más, decía. Se abrazaban y disfrutaban del calor y el roce de sus cuerpos. Sin despuntar aún la mañana, se despedían en la puerta. Ella le besaba como si fuera la última vez. No sabía hacerlo de otra forma. Conocía bien el precio de su amor. Enterrar a un padre se lo enseñó desde niña. Tuvo suerte. La mar vomitó su cuerpo dos semanas después de tragárselo. Muchos no vuelven, mi niña. Ni siquiera muertos, le dijo su madre mientras la abrazaba llorando. Tenía ocho años. Seguir leyendo…