Archivo mensual

enero, 2019

Aroma de vainilla
Tiempo aprox. de lectura: 2 min

Para los que esperaron por los que no volvieron. Con el deseo de que vuelvan algún día o esperen en un lugar mejor.

Todas las noches hacían el amor como si fuera la primera vez. Luego se dormían abrazados y les despertaba la costumbre. Ella se levantaba antes y preparaba el café. La cafetera le recordaba a su padre. Silbaba, apagaba el infiernillo y volvía a la cama. Cinco minutos más, decía. Se abrazaban y disfrutaban del calor y el roce de sus cuerpos. Sin despuntar aún la mañana, se despedían en la puerta. Ella le besaba como si fuera la última vez. No sabía hacerlo de otra forma. Conocía bien el precio de su amor. Enterrar a un padre se lo enseñó desde niña. Tuvo suerte. La mar vomitó su cuerpo dos semanas después de tragárselo. Muchos no vuelven, mi niña. Ni siquiera muertos, le dijo su madre mientras la abrazaba llorando. Tenía ocho años. Seguir leyendo…

El extraño caso de Benjamín el flaco
Tiempo aprox. de lectura: 3 min

Nunca subestimes los efectos psicotrópicos de un vino en mal estado.

Aquella tarde de Enero, Benjamín “el flaco” volvió de la oficina más tarde de lo habitual. Como en otras muchas ocasiones, decidió entrar en el Bar La Esquina, un local que no era un bar ni estaba en una esquina. Era una panadería con una barra de aluminio y dos mesas de plástico. No había mejor excusa para tomarse unas cañas, que bajar a por el pan y el periódico. Con esa idea de empresa, abrió Amancio una panadería en la que casi siempre faltaba pan, pero nunca el periódico. Con esa misma filosofía, plantaba almas en pena en la barra y las regaba con buen ron y el peor de los vinos. En honor a su propietario o por miedo a su hija, nunca se molestó en quitar el rótulo del bar de su suegro. Seguir leyendo…

La lotería
Tiempo aprox. de lectura: 4 min

Lo que no compra el dinero es lo más valioso.

—¡Don Antonio, abra la puerta, que creo que se ha sacado la primitiva!

Cuando sentí que golpeaban la puerta con tanta fuerza, pensé que era para ejecutar la orden de desahucio que me habían notificado la semana anterior. Llevaba meses sin poder pagar la hipoteca. Sabía que el banco no tardaría en llamar a la puerta. Lo decía el director de la sucursal negándome el saludo y la joven de la ventanilla con una sonrisa compasiva. La pensión no me llegaba y no tenía ayudas. Seguir leyendo…

Historias de un fotógrafo – Mi primera foto
Tiempo aprox. de lectura: 1 min

A esos fotógrafos que aún necesitan guiñar el ojo y mirar por el visor.

Mi primera cámara fotográfica fue una Leica 1. Mi primera foto, un retrato del que aún conservo el negativo. Conservo el negativo y también el recuerdo. El recuerdo de la emoción al encuadrar, y la satisfacción al sentir como bajaba el disparador. Enfrente tenía a don Faustino, un campesino de nariz aguileña, barba blanca y silueta quijotesca. Seguir leyendo…

La pantorrilla de Roy
Tiempo aprox. de lectura: 1 min

Habría recogido el vuelto de mis pantalones si lo hubiera necesitado. En mi compañía, la más joven, casi todos lo hacían. Pero al gran Roy todo le quedaba pequeño. “Si cae un obús, te reconocerán por las pantorrillas”, bromeaba el sargento Smith. Seguir leyendo…

La pirindola de Antoñito
Tiempo aprox. de lectura: 1 min

Me habría gustado coser desde niño. Sí, me habría encantado, pero mi abuela siempre me decía que eso era cosa de niñas.

—Ay, Antoñito, como sigas así, se te va a caer la pirindola —decía sonriendo. Me ponía una pelota de trapo en las manos y me echaba de su taller de costura. Seguir leyendo…

Psicología con P – Capítulo III
Tiempo aprox. de lectura: 6 min

»Leer Capítulo I   »Leer Capítulo II

La nota de Pe.

Con la puntualidad que le caracteriza, Pe recogió a Ray en su casa a las siete menos veinte de la tarde. Habían quedado a las seis para ir juntos a la presentación del libro “Las vidas de Jota”. Se celebraba en una famosa librería del centro de la ciudad. El día que vio el cartel anunciando el acto, Pe compró el libro y lo leyó de una sentada. Al día siguiente, casi sin dormir, lo lanzó sobre la mesa de Ray. Estaba enfadada por verse reflejada en una de las historias. Desde ese mismo día, consultaba la página de facebook de la librería donde se celebraba la presentación. A Ray le decía que lo hacía porque temía que cancelaran el acto. Ray sabía que no era eso lo que buscaba en facebook: “A mí no me engañas, princesa, tú lo que quieres es ver fotos de tu príncipe”. Estaba prevista una rueda de prensa. Al finalizar, el escritor firmaría libros a todos los asistentes. Seguir leyendo…


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Pepa y Eugenia «la genio»
Tiempo aprox. de lectura: 2 min

No hay un culo que te quede mejor que el tuyo. Seguir leyendo…

La espina de Rayco
Tiempo aprox. de lectura: 3 min

Ray fue Rayco antes de ser Ray.

Aquella mañana, despistada como siempre, entré en el despacho de Ray sin tocar. No era la primera vez que lo hacía, pero ese día no era uno cualquiera. Ray tomaba nota en su agenda y se despedía de una paciente. La joven se levantó y salió de la consulta sin levantar la cabeza ni despedirse. Seguir leyendo…

En el salcai (Las movidas de Farfán)
Tiempo aprox. de lectura: 5 min

Puto jaco mierda. Todas las vidas merecen ser vividas.

Para quien no lo sepa, Salcai era el nombre de una de las empresas públicas de guaguas que operaban en Gran Canaria. Más tarde, después de una fusión de compañías, pasó a llamarse Global. Los viejos y los no tan jóvenes, seguimos cogiendo salcais cuando no tenemos coche. Así le sigo llamando yo a esos mastodontes cuadrados, antes verdes, ahora azul turquesa. Bestias metálicas que me llevaron acojonado por primera vez a la universidad, y me trajeron, desconojado y borracho, un montón de veces de fiestas y tenderetes. Los salcais transportaban vidas y experiencias en asientos de skay marrones. Siempre decorados con garabatos, rajas y agujeros. Tarea difícil, por no decir imposible, era encontrarlos intactos. Llegué a pensar que las primeras rajas y rayones venían de fábrica. De esa época tengo muchos recuerdos, la mayoría felices. Seguir leyendo…