Archivo mensual

abril, 2019

La rosa del peregrino
Tiempo aprox. de lectura: 2 min

Solo una luna de globo que colgaba del cielo y que jugaba a esconderse detrás de las nubes; solo ella estaba presente cuando el peregrino entró en la Praza do Obradoiro. No había sonido de gaitas, turistas ni otros peregrinos. Algún trasnochado con paso de firmeza cuestionable y mirada perdida. La mirada del peregrino también estaba perdida, traía la pierna derecha a remolque y una barba desaliñada que ocultaba una piel quemada por el sol, un sol de una primavera que alternaba noches frías y días calurosos. En la mano derecha llevaba una rosa con lo que le quedaba de tallo dentro de una botella de plástico.

Un fantasma miró la rosa con desprecio y dijo:

—¿Desde dónde? Seguir leyendo…

La cruz de Maruca
Tiempo aprox. de lectura: 11 min

¿Cuántas perdices has sido decapitadas por los finales felices? Miles. Millones. Vaya usted a saber. Si hay alguna perdiz por ahí, que se esté tranquila, porque en esta historia no corre ningún peligro, ni ella ni nadie de su especie, porque me consta, que a diferencia de los seres humanos, las perdices no disfrutan con la desgracia de sus semejantes. Y dicho ésto, vamos a lo que vamos, la historia.

Dolores abrió la tienda a eso de las nueve de la mañana. Corrió la tranca de la puerta y la arrastró a la vez que ignoraba el chirrido que salía del roce con el suelo. Seguir leyendo…

El contador de estrellas
Tiempo aprox. de lectura: 3 min

Justicia sin misericordia es crueldad. (Santo Tomás de Aquino)

Una noche de octubre en Praga, junto al Puente Carlos.

—¿Se puede saber qué estás haciendo? —dijo ella.

—¿Te conozco? —dijo él.

—¿Qué haces aquí a esta hora?

—Eres policía o algo así.

—No, pero quiero saber qué haces.

—¿Puedes callarte? Necesito concentrarme. Seguir leyendo…

El niño de la foto
Tiempo aprox. de lectura: < 1 min

Hay un niño con unos ojos enormes. ¿Dónde? Aquí, en una foto, me imagino que para el colegio. Y también aquí. Está en el regazo de su padre, a lomos de un camello. ¿Y qué me dices de ésta? Ahí, junto a un Peugeot 204, jugando con una raqueta de madera. Busco una sonrisa pero siempre encuentro la misma mirada. Como en ésta, acaba de soplar una vela.

—Estoy triste —dijo hace más de cuarenta años—, sí, jodidamente triste. Seguir leyendo…

El libro
Tiempo aprox. de lectura: 2 min

Hay historias que es mejor no escribir, ¿o sí?

Siendo seguido por la mirada de ella, él se sentó en el banco, cruzó las piernas y abrió un libro. Aún sin pasar una página, sacó el teléfono del bolsillo y lo lanzó a una charca que había enfrente. Ella, que estaba sentada justo otro lado, miró dentro de su bolso. Él dejó el libro abierto sobre el banco, se levantó, se acercó a la charca, sacó el teléfono del agua, y después de sacudirlo, lo metió en el bolsillo de su chaqueta. Luego metió las manos en los bolsillos del pantalón y se alejó. Se detuvo para encender un cigarrillo y se dirigió a la salida del parque.

—Oiga —dio ella—. Se ha dejado el libro.

Lo cogió y sonrió al ver la portada.

—¿Lo conoces? —dijo él.

—Sí —dijo ella—, lo leí hace unas semanas. Seguir leyendo…

El retorno del Fredi
Tiempo aprox. de lectura: 4 min

A todos aquellos que huyeron para ser ellos mismos, en otro lugar, lejos de los suyos.

Elena descolgó el teléfono, giró el marcador seis veces y dijo:

—¡Pon la tele, ya!

—¿Qué pasa, Ele?

—Es él.

—¿Quién?

—Ponla, Cris, ponla ya, joder. Seguir leyendo…

El ángel de la guarda
Tiempo aprox. de lectura: 2 min

Más allá del fin de un mundo siempre hay otro.

Solo un paso, pensé, solo queda un paso. Luego aprendí (y me gustó) que después de un último paso, o te paras o te encuentras dando otro primer paso.

Llovía, y llovía, y volvía a llover, y no paraba, y seguía lloviendo. “Pero, joder, ¿cómo coño puede llover tanto?”, decían mis botas. “¿Sabes, botas?”, le respondí, “Nunca había estado tan mojado de cielo”. Y no mentía para que callaran, decía la verdad, nunca había estado tan mojado, al menos que recuerde. Yo era todo agua, por fuera y por dentro. La nariz chorreaba en dirección a la barbilla, y ésta, improvisaba a qué teta iría a parar el chorro que luego se perdía en el revoltijo de carne y tela mojadas que empezaba en el ombligo. Seguir leyendo…

Encuentro en París
Tiempo aprox. de lectura: 5 min

Se conocieron en París. Sobre uno de esos puentes que cruzan el Sena, creo que en el de Alejandro III. Sí, lo sé, parece sacado de una de esas historias de amor, de las que dan ganas de llorar a solitarios y mal acompañados. Podría omitirlo… Y lo he pensado, sí, créeme que lo he pensado, pero es que encima hacía un día espectacular, la luz de un cielo azul y limpio caía sobre París y esclarecía un atardecer de temperatura perfecta. La tarde, la muy jodida, combinaba igual de bien con un paseo por el Barrio Latino que con un café en una de esas terrazas parisinas de película. Daban ganas de enamorarse de cuaqluiera que pasara por la calle. Bueno, esto último es broma, ¿por dónde iba? Ah, sí:

Él se acercó a ella, puso una moneda en el estuche de la guitarra y dijo:

—¿Turnedo? Seguir leyendo…

El robo del siglo
Tiempo aprox. de lectura: < 1 min

El nombre de mi hermana no lo sabía nadie, ni siquiera ella, por eso fue el mío el que ficharon el día que robamos los guantes. El jefe de seguridad nos miró desde arriba, negó con la cabeza y sonrió al ver a dos mocosas fingiendo tener miedo. Seguir leyendo…

La trampa de la Muerte
Tiempo aprox. de lectura: 3 min

Una se lleva la fama y otro el provecho.

El Tiempo y la Muerte siempre se evitaban. Cuando el Tiempo trabajaba, la Muerte se escondía y esperaba a que acabara con su labor. Pero una noche, debido a un malentendido, la Muerte llegó antes de lo que debía y encontró al Tiempo sentado junto al lecho de muerte de un joven aventurero.

—Tiene gracia —decía la Muerte mientras se acercaba—, este pobre, toda una vida de riesgo, y va y me encuentra en la plaza del pueblo.

El Tiempo le hizo hueco a la Muerte en el banco y dijo:

—Aún es pronto. Seguir leyendo…