Archivo mensual

abril, 2019

El contador de estrellas
Tiempo aprox. de lectura: 3 min

Justicia sin misericordia es crueldad. (Santo Tomás de Aquino)

Una noche de octubre en Praga, junto al Puente Carlos.

—¿Se puede saber qué estás haciendo? —dijo ella.

—¿Te conozco? —dijo él.

—¿Qué haces aquí a esta hora?

—Eres policía o algo así.

—No, pero quiero saber qué haces.

—¿Puedes callarte? Necesito concentrarme. Seguir leyendo…

El niño de la foto
Tiempo aprox. de lectura: 1 min

Hay un niño con unos ojos enormes. ¿Dónde? Aquí, en una foto, me imagino que para el colegio. Y también aquí. Está en el regazo de su padre, a lomos de un camello. ¿Y qué me dices de ésta? Ahí, junto a un Peugeot 204, jugando con una raqueta de madera. Busco una sonrisa pero siempre encuentro la misma mirada. Como en ésta, acaba de soplar una vela.

—Estoy triste —dijo hace más de cuarenta años—, sí, jodidamente triste. Seguir leyendo…

El libro
Tiempo aprox. de lectura: 2 min

Hay historias que es mejor no escribir, ¿o sí?

Siendo seguido por la mirada de ella, él se sentó en el banco, cruzó las piernas y abrió un libro. Aún sin pasar una página, sacó el teléfono del bolsillo y lo lanzó a una charca que había enfrente. Ella, que estaba sentada justo otro lado, miró dentro de su bolso. Él dejó el libro abierto sobre el banco, se levantó, se acercó a la charca, sacó el teléfono del agua, y después de sacudirlo, lo metió en el bolsillo de su chaqueta. Luego metió las manos en los bolsillos del pantalón y se alejó. Se detuvo para encender un cigarrillo y se dirigió a la salida del parque.

—Oiga —dio ella—. Se ha dejado el libro.

Lo cogió y sonrió al ver la portada.

—¿Lo conoces? —dijo él.

—Sí —dijo ella—, lo leí hace unas semanas. Seguir leyendo…

El retorno del Fredi
Tiempo aprox. de lectura: 4 min

A todos aquellos que huyeron para ser ellos mismos, en otro lugar, lejos de los suyos.

Elena descolgó el teléfono, giró el marcador seis veces y dijo:

—¡Pon la tele, ya!

—¿Qué pasa, Ele?

—Es él.

—¿Quién?

—Ponla, Cris, ponla ya, joder. Seguir leyendo…

El ángel de la guarda
Tiempo aprox. de lectura: 2 min

Más allá del fin de un mundo siempre hay otro.

Solo un paso, pensé, solo queda un paso. Luego aprendí (y me gustó) que después de un último paso, o te paras o te encuentras dando otro primer paso.

Llovía, y llovía, y volvía a llover, y no paraba, y seguía lloviendo. “Pero, joder, ¿cómo coño puede llover tanto?”, decían mis botas. “¿Sabes, botas?”, le respondí, “Nunca había estado tan mojado de cielo”. Y no mentía para que callaran, decía la verdad, nunca había estado tan mojado, al menos que recuerde. Yo era todo agua, por fuera y por dentro. La nariz chorreaba en dirección a la barbilla, y ésta, improvisaba a qué teta iría a parar el chorro que luego se perdía en el revoltijo de carne y tela mojadas que empezaba en el ombligo. Seguir leyendo…

Encuentro en París
Tiempo aprox. de lectura: 5 min

Se conocieron en París. Sobre uno de esos puentes que cruzan el Sena, creo que en el de Alejandro III. Sí, lo sé, parece sacado de una de esas historias de amor, de las que dan ganas de llorar a solitarios y mal acompañados. Podría omitirlo… Y lo he pensado, sí, créeme que lo he pensado, pero es que encima hacía un día espectacular, la luz de un cielo azul y limpio caía sobre París y esclarecía un atardecer de temperatura perfecta. La tarde, la muy jodida, combinaba igual de bien con un paseo por el Barrio Latino que con un café en una de esas terrazas parisinas de película. Daban ganas de enamorarse de cuaqluiera que pasara por la calle. Bueno, esto último es broma, ¿por dónde iba? Ah, sí:

Él se acercó a ella, puso una moneda en el estuche de la guitarra y dijo:

—¿Turnedo? Seguir leyendo…

El robo del siglo
Tiempo aprox. de lectura: 1 min

El nombre de mi hermana no lo sabía nadie, ni siquiera ella, por eso fue el mío el que ficharon el día que robamos los guantes. El jefe de seguridad nos miró desde arriba, negó con la cabeza y sonrió al ver a dos mocosas fingiendo tener miedo. Seguir leyendo…

La trampa de la Muerte
Tiempo aprox. de lectura: 3 min

Una se lleva la fama y otro el provecho.

El Tiempo y la Muerte siempre se evitaban. Cuando el Tiempo trabajaba, la Muerte se escondía y esperaba a que acabara con su labor. Pero una noche, debido a un malentendido, la Muerte llegó antes de lo que debía y encontró al Tiempo sentado junto al lecho de muerte de un joven aventurero.

—Tiene gracia —decía la Muerte mientras se acercaba—, este pobre, toda una vida de riesgo, y va y me encuentra en la plaza del pueblo.

El Tiempo le hizo hueco a la Muerte en el banco y dijo:

—Aún es pronto. Seguir leyendo…

El tiempo de las brujas
Tiempo aprox. de lectura: 3 min

El viejo estaba más nervioso de lo habitual, habían matado a la cochina y no se estaba quieto en su cuarto. Mi abuela resoplaba cuando lo oía, empezaba a impacientarse.

—¡Brujas! —gritó el viejo desde su cuarto.

—Cállate o voy para allá —dijo mi abuela.

—¡Rameras de Lucifer!

—Vete a la cocina —me dijo mi madre. Seguir leyendo…

El fin del mundo
Tiempo aprox. de lectura: 9 min

Aquel día no se hablaba de otra cosa que del fin del mundo.

—Ríos de sangre —decía el loco del pueblo—. Si es que lo dije, coño.

Y es posible que lo dijera, pero eran tantos los disparates que salían de su boca, que nadie le hacía caso. ¿Quién iba a pensar que Marcial se convirtiera en el mismísimo ángel anunciador? Pues, solo él, la verdad, que lo venía repitiendo una y otra vez desde hacía años. Seguir leyendo…