Archivo mensual

mayo, 2019

La gallina Molina
Tiempo aprox. de lectura: 2 min

La gallina Molina intentó volar desde muy pequeña. Cada mañana, desde que el gallo Rayo la despertaba con su canto, Molina revoloteaba por el corral con la certidumbre —y sé que así era porque ella misma nos los decía a todas—, de que al final del día volaría junto al aguililla Polilla, que sonreía desde lo alto premiando el entusiasmo y la obstinación de Molina. Las otras gallinas del corral ya se habían cansado de decirle que las gallinas no vuelan, que la evolución, a veces cruel, más cruel de lo que le gustaría a las gallinas, las había dejado sin volar por alguna razón que ellas no entendían; que la había, sí, la razón existiría, de eso estaban todas seguras, pero no estaban preparadas, aún no, para saber qué macabra razón podría tener la evolución para privar a las gallinas del don del vuelo y ponerle alas. Molina las escuchaba, lloraba a escondidas, luego suspiraba y volvía a intentarlo. Seguir leyendo…

El abismo de dos metros
Tiempo aprox. de lectura: 5 min

—Joder, sí —gritó.

Se subió a la barandilla, levantó los brazos y cerró los ojos. Igual él, cuando negó con la cabeza y dibujó una de esas sonrisas condescendientes, no sabía lo que ella sentía, pero yo sí, y tanto que yo lo sabía. Ella sentía el viento del norte. Lo supe porque remojó los labios y sus ojos brillaron al mirar el abismo que caía allá abajo, a lo lejos, a unos dos metros de sus allstar. Lo hizo hasta que llegó él y convirtió el suspiro de libertad en resignación, la rebeldía, esa que le hacía apretar los dientes, correr, gritar, llorar, esa rebeldía la convirtió también en una resignación que le permitió por fin ser feliz. Seguir leyendo…

El día del beso
Tiempo aprox. de lectura: 3 min

El día del beso, Maika llegó algo más tarde que su familia a la exposición; el trabajo, siempre el trabajo. Tú y el curro, decía Alejandro, organizador del evento, un certamen de pintura rápida. Maika cogió el brazo de su marido y dijo:

—Tengo que ir baño.

—¿Quieres que te acompañe, cariño?

—No te preocupes, ahora vuelvo.

Alejandro estaba a unos veinte metros, junto a los baños químicos, una zona oscura y maloliente que él mismo había decidido ubicar allí cuando organizó el evento.

—Lo que me faltaba —dijo Maika al verle. Seguir leyendo…