Antes de conocerte

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Antes de conocerte, mi vida era gris, simple, sencilla. Todos los días empezaban con un crepúsculo y terminaban con otro; yo los contemplaba desde mi ventana, con un vaso de vino, tinto, siempre de la misma marca, siempre comprado en la misma tienda, siempre mirando al suelo, ignorando la misma sonrisa, siempre del mismo dependiente.

Antes de conocerte, los días desfilaban al otro lado de la ventana, siempre fuera, marchaban en fila india, al ritmo del tambor del tiempo, un tambor que sonaba como el del campo de batalla, siniestro, inocente y cómplice de muerte. El tiempo era previsible, rítmico, lineal. La vida flotaba en aguas tranquilas y se sentaba como un perrito faldero, sin jadeos, ni babas, ni pelos, se sentaba en silencio junto a los pies de un universo finito, aislado, carente de fuerzas, estático.

Antes de conocerte solía pasear con la soledad, tomaba el primer café con presentadoras de televisión que recitaban noticias; ellas creían que las escuchaba, pero yo solo oía el viento del norte contra la ventana del salón. Era feliz, sí, lo era, nadie me entendía, pero me daba igual, todo me daba igual. Dios, qué feliz era antes de conocerte, qué tranquilidad, qué ignorancia más “feliciante”, qué sencillez. Vivir, respirar, morir, Dios, qué tiempos aquellos, todo gris, sin matices, qué felicidad más triste.

Y luego llegaste tú. Y contigo llegó la luz, y luego el color. Y más tarde llegó el caos.

FIN

GRR_

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