Cleto y Eugenio “el genio”

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«Cuidaíto» con lo que se desea, amigo Cleto.

«¿Ves tú? Otra vez, tarde, como siempre», venía pensando Cleto en la guagua. «Estoy harto de este trabajo. Encima no me gusta lo que hago, porque si me gustara… Pero no, no me gusta, para nada. Si no fuera por la hipoteca, lo mandaba a la mierda». Al ver a una señora cacareando en la guagua, pensó: «Y loco, más feliz estaría loco perdido, hasta comiendo alpiste con los pájaros de mi abuela estaría mejor».

—¡Hoooolaaaa, Cletoooo! —dijo Eugenio “el genio” con voz de genio. Venía leyéndole los pensamientos desde el asiento de atrás —El ministerio de genios, en reunión extraordinaria, te ha concedido los tres deseos.

Y Cleto, tal y como había deseado, perdió el juicio, el trabajo y se libró de su hipoteca por impago. Ahora cacarea y come alpiste en casa de su abuela.

«Otra cosa no, pero deseos originales sí que son. Lástima no tener un cuarto para el saco de alpiste», pensó Eugenio “el genio” cerrando el expediente. —A otra cosa, mariposa —dijo abriendo otro.

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