El beso II

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El beso. Ahora sé que fue eso, aquel maldito beso. Un beso que paró el tiempo y me hizo olvidar por un instante que estaba muerto, que bajó el telón de aquel antro y volatizó a diez o doce borrachos, que silenció las músicas y apagó las luces.

Y el veneno. También fue eso, aquel veneno inoculado. Un veneno que me supo a miel de romero, que humedeció mis labios y recorrió mi boca mientras el tiempo nos esperaba.

Ayer, entre las sombras, tu ausencia sonrió y me dijo que no había antídoto. Yo, que seguía envenenado de ti, sonreí y le respondí que no me importaba. Ella, la ausencia, que sabía que yo mentía, rió una vez más, pero fue la última.

Hoy soy yo el que ríe. Por fin tengo el antídoto del veneno de tu ausencia: mi renuncia a tu presencia. Y renuncio.

GRR_

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