El regalo de E

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En este mundo, una historia sobre generosidad y gratitud parece ficción. Ésta no lo es. Espero que el carácter críptico del relato no influya en lo esencial.

Un día gris (de color y ánimo) recibí una llamada. Tengo un regalo para ti, dijo mi hermana. ¿Un regalo? Pensé. No era el día de mi cumpleaños, ni Navidad, tampoco el de mi santo. ¿Un regalo? Le pregunté. Sí, dijo mi hermana, un regalo de mi amiga E,  lo vio mientras paseaba, yo le había dicho que te gustaba y aquí lo tienes, para ti. ¿Para mí? Sí, para ti. ¿Por qué? ¿Qué he hecho yo para merecer un regalo? Estuve pensando un rato. Lo coloqué sobre el mueble de la tele y me puse a escribir: “Un día gris (de color y ánimo) recibí una llamada. Tengo…”. Buscando la siguiente palabra, levanto la vista y miro el regalo. Encuentro la respuesta a la segunda pregunta. ¿Qué he hecho yo para merecer un regalo? Nada, no he hecho nada. Eso no es una respuesta, pienso. Sí que lo es, repienso. Nada, respuesta definitiva. Con la segunda pregunta resuelta, busco respuesta para la primera, la más difícil: ¿Por qué? Porque sí. E, la amiga de mi hermana, me ha hecho un regalo «porque sí». Sí, una respuesta simple para una pregunta difícil. Sí, una respuesta simple… pero tiene trampa, una trampa admirable. Detrás de regalar «porque sí» hay una virtud: generosidad. Una generosidad que despertó en mí un sentimiento: gratitud, o dos: gratitud y aprecio.

El día sigue siendo gris, pero ahora hay felicidad. Gracias, E, por tu generosidad en forma de regalo. De todo corazón, G.

 

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