El sueño de Marga

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Después de más ocho años recorriendo callejones juntas:

—Me estás acojonando, Marga —dijo Bea—. Venga, tía, bájate de ahí, joder.

—¿Sabes, Bea? Una vez soñé que podía volar.

—No me jodas, tía, venga, bájate.

Marga miró hacia abajo y dijo:

—¿Tú crees que me va a doler?

—Pues claro, joder, son tres plantas. Con la misma te quedas en una puta silla de ruedas.

—Cállate.

—Y después, ya verás, después tendré que empujarte por todos los garitos del centro.

—Cierra la boca.

—¿Sabes lo que te digo, Margarita Merino? Que paso de ti, tírate si quieres.

—¿Qué haces, tía?

—¿Oiga? ¿Puede enviar una ambulancia?

—¡Cuelga, joder! ¡Serás hija de puta!

—Es mi amiga, señor. Se va a tirar del balcón de mi casa.

—¡Qué cuelgues, joder!

—Tres plantas. Sí. No tarden. ¿Cómo? ¿Drogas? Bueno, sí, pero solo…

—Dame eso, joder —dijo Marga mientras se bajaba de la barandilla—. Eres una cabrona.

—Joder, tía —dijo Bea—, esta vez te pasaste.

—Venga, flaca, dame un beso, y déjame volar.

—Vete a la mierda —susurró Bea después de besar a Marga.

GRR_

 

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