En el concierto de los Stones (con Wolfgang)

Tiempo aprox. de lectura: 2 min

Es solo rock & roll (pero me gusta)

—Que sí, Herr Wolfgang, que ya lo sé, it’s only rock and roll. Unos pocos acordes, rifs improvisados que recuerdan a Chuck Berry, escala pentatónica, todo muy repetitivo. Sí, también: unos viejos gamberros arrastrando sus huesos por el escenario; salvo Mick Jagger, claro, a ese lo dejamos aparte. Que sí, coño, cállese un rato y escuche, hombre, que me tiene loco de la cabeza. Si llego a saber que era tan pesado, no le traigo. Perdone, no se raye, hombre, es que no me está dejando escuchar nada. Ya sé que su Requiem es una obra de arte, y La Flauta Mágica, Las bodas de Fígaro, Don Giovanni. Sí, hay que ser un puto genio para componer todo eso. Y a su edad. Y créame, Herr, adoro su música. Sin embargo, no sé, este ruido: la sobriedad de la batería de Watts, los chillidos de las guitarras de Richards y Wood, el murmullo del bajo, sustituto del irremplazable Taylor, la arrogancia de la voz de Jagger, el caos sobre el escenario. ¿Y qué me dice de toda esta gente? ¿Lo ve? Aquí somos todos iguales, no hay razas, ni religiones. Cada uno es de su madre y su padre, hasta los fantasmas, como usted. Mire, toda esta gente, esta locura maravillosa, la energía fluye en el aire y se te mete aquí, adentro. Y usted con esa peluca blanca y esas pintas, y fíjese, nadie lo mira, simplemente lo aceptan, sin más. Cantan, bailan, gritan. Todo esto tiene algo, tiene… No sé. Rebeldía. Irreverencia. Es inspirador. Todo esto es, al fin y al cabo, necesario; al menos para los que viven con el virus del R&R en la sangre. Pues resulta que ahora, ¿sabe, Herr Wolfgang? Resulta que ahora, después de tanto tiempo, me viene Hendrix, ¿lo conoce? Ah, coño, pues sí, el zurdo de la Strato blanca, ese mismo. Pues, resulta que Jimi va y se me aparece anoche en sueños, y me dice que no hay antídoto para el R&R. Y dígalo usted, herr Mozart, ni falta que hace. Por cierto, Mo, afloje un punto con los cubatas, que aún le falta fondo con el ron.

La mañana siguiente:

―¿Cariño? Ya estoy de vuelta. ¿Qué tal el concierto? Increíble, ¿no? Yo los vi en Frankfurt, en el 2007. Una pasada.

―¡Un minuto, Marga! ¡Estoy en la ducha!

―¿Y las setas que había en la mesa? Te las dejó Juanjo. Me dijo que tuvieras cuidado con ellas.

―¿Y decís, Herr David, que a esa música la llaman rock and roll?

―Cállate, Mo, tú no existes.

―¿Cariño? ¿Con quién estás hablando?

―Con nadie.

[…] but I like it.

Deja un comentario

Your email address will not be published. Please mark all required fields.