Historias de un fotógrafo – Mi primera foto

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A esos fotógrafos que aún necesitan guiñar el ojo y mirar por el visor.

Mi primera cámara fotográfica fue una Leica 1. Mi primera foto, un retrato del que aún conservo el negativo. Conservo el negativo y también el recuerdo. El recuerdo de la emoción al encuadrar, y la satisfacción al sentir como bajaba el disparador. Enfrente tenía a don Faustino, un campesino de nariz aguileña, barba blanca y silueta quijotesca. Ese día llevaba un sombrero que descansaba sobre unas orejas en pico. Unos binoculares reflejaban el brillo de unos ojos de mirada curtida por el tiempo. Unas mejillas plegadas hacia la nariz remataban con armonía un rostro, también delgado. El paso del tiempo, mucho, a juzgar por la sabiduría con la que hablaba y el carisma que transmitía, no había hecho mella en su andar ni en su pose. Sus manos, de dedos esculpidos por el trabajo duro, tapaba y destapaba con destreza, y diría que hasta virtuosismo, los agujeros de una flauta. Aquella tarde de verano, allí donde el calor espantaba ponchos y chaquetas, don Faustino me regaló la primera de mis fotografías. No sería la última, tampoco la mejor, pero sí la más importante de mi vida. Ese día supe que sería fotógrafo.

Gracias.

GRR_

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