Historias de un fotógrafo – Un día en la favela

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Mi primer trabajo para National Geographic fue un reportaje en Río de Janeiro. La enfermedad repentina y dudosa de un fotógrafo, el miedo declarado de otro y la desesperación del jefe de proyecto, me llevó a Favela de Rocinha. Según fuentes del gobierno brasileño, la favela con más población y delincuencia del mundo. Quiero un reportaje fotográfico para la próxima semana. Esa era la única exigencia. Ésa y que volviera con vida.

En mi primer paseo por las calles me encontré con dos niños: Agostinho y Carlitos. Estaban sentados en un callejón. Agostinho tenía la mano sobre el hombro de Carlitos. «La amistad», pensé cuando los vi, ese será el tema de mi reportaje. Los dos miraban hacia el interior de un garaje. Tomé varias fotos sin que se percataran de mi presencia.

Luego sentí curiosidad, me acerqué y les pregunté qué es lo que estaban mirando. Una mujer salió gritando e insultándonos con una manguera en la mano. Se estaba duchando. Detrás salió un hombre con un revólver. No gritaba ni insultaba, contenía la respiración y guiñaba el ojo para apuntar. Corrimos callejón arriba, pisando charcos, esquivando chatarra y bidones de agua. Cuando llegamos a la calle principal, yo estaba aterrado, listo para volver a Nueva York. Ellos reían y hablaban del siguiente callejón al que irían. No hubo tema para mi reportaje, porque no hubo reportaje. Ahora trabajo para The New York Times.

FIN

GRR_

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