La hoja en blanco

Tiempo aprox. de lectura: 1 min

Érase una vez un tipo que fue a un curso de escritura creativa. Aquel sitio estaba lleno de escritores con las cabezas llenas de ideas inteligentes, preguntas preparadas, comentarios sorprendentes, novelas leídas, relatos analizados, sustantivos precisos, adjetivos limitados y todas esas cosas que pueblan las mentes de los escritores. En aquel lugar, el tipo se sintió como un burro en medio del Cruce de Shibuya; respiró hondo, contó hasta diez, se armó de paciencia, abrió un cuaderno comprado para la ocasión y retorció la parte superior del bolígrafo de siempre. Unos minutos después de empezar la sesión, todos hablaban del estrés y la ansiedad que les producía el síndrome de la hoja en blanco, una especie de bloqueo mental que les impide escribir y les pone de los nervios. El tipo había leído sobre ello, pero nunca pensó que preocupara tanto, y a tanta gente. Con cuidado de no ser percibido, aún con la primera hoja del cuaderno en blanco, recogió sus bártulos, se levantó de la última fila y volvió a su rincón de ensuciar hojas; arrancó una llena de tachones, la moldeó a su puño cerrado y la lanzó a la papelera al son de otro “A tomar por culo”. Luego negó con la cabeza, miró al techo y susurró: “Está claro que no soy un escritor. Lo mío no es un síndrome, es una puta condena”.

Foto: Cruce de Shibuya (sin el burro)

Deja un comentario

Your email address will not be published. Please mark all required fields.