La pantorrilla de Roy

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Habría recogido el vuelto de mis pantalones si lo hubiera necesitado. En mi compañía, la más joven, casi todos lo hacían. Pero al gran Roy todo le quedaba pequeño. “Si cae un obús, te reconocerán por las pantorrillas”, bromeaba el sargento Smith.

La mañana que se desplomó el cielo, destrozó más de treinta dobladillos, incluidos los de Smith. Después de la explosión, el gran Roy levantó la mirada y vio una pantorrilla, estaba a unos cuatro metros. Buscó su otra pierna y solo vio un amasijo de carne y tela chamuscada. “Al menos reconocerán la pierna”, dijo sonriendo y cerrando los ojos. Mis dobladillos fueron los únicos que volvieron a casa.

GRR_

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