Mi referéndum

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Señores, paren esto de una puta vez (un canario enamorado de Cataluña).

Mi referéndum se celebrará el próximo viernes. Solo imprimiré una papeleta. La pregunta será: “Oye, tío, ¿quieres independizarte del odio?” Y solo habrá una respuesta: “Sí”. La noche anterior, antes de acostarme, dejaré preparada la urna sobre la mesa del salón. Por la mañana, mientras espere por el café, pensaré en el amor que siento por todo lo que he querido en mi vida. Después me pondré algo de Dylan y leeré el capítulo siete de Rayuela. Constituiré la mesa electoral mientras recuerdo mis primeros besos de cíclope. La taza del café será el presidente y como vocales nombraré a dos galletas integrales. Después de la ducha, esquivaré la mirada del tipo del espejo, recogeré la papeleta de debajo de la almohada y la meteré en la urna. Luego me tomaré al presidente sin azúcar y me comeré a los vocales a trozos más grandes de los que me gustaría. Me cepillaré los dientes, me enjuagaré sin vaso y haré el recuento. Si no consigo la mayoría para el sí, haré un golpe de estado. Será el primer golpe de estado del amor. No habrán barricadas ni fuego en las calles, tampoco habrá personas odiándose sin conocerse. Solo amor. Amor para disfrutar de la felicidad de los días en color y sobrellevar la tristeza de los grises. No habrá banderas ni escudos. Cada mañana, cuando me levante, por muy jodido que esté, por muy jodidas que sean las noticias, recordaré que soy un ser independiente del odio. A los que me llamen “perroflauta” les regalaré un perro y una flauta, a los que me llamen “happyflower”, una Volkswagen Bulli con flores de colores y un arcoíris sobre un fondo blanco y azul cielo. A mi nuevo universo podrá venir quien quiera sin pedir permiso. No habrá más frontera que la que nos separa del odio. Y aunque no será un requisito, la poesía y las canciones de amor serán siempre bienvenidas; con ellas construiremos la nueva constitución, una a prueba de odio. Y cada noche, la almohada y yo nos descojonaremos de la época en la que el odio nos jodía muchos momentos de mi vida.

Ayer fue mi referéndum. Estoy en Barcelona. Me he pasado toda la noche celebrando la victoria. Mayoría absoluta. El Barrio de Gracia ya se ha independizado del odio. Eso sí, no ha sido fácil, tengo una de las mayores resacas de mi vida. El amor sigue sin ser un antídoto para las noches de juerga. Aunque aún no sé cómo coño ha ocurrido, el nuevo régimen del amor se ha convertido en un virus que destruye a cualquier forma de odio. Son las cuatro de la tarde, el virus ya ha infectado a El Raval y está a punto de extenderse al Barrio Gótico. Las Ramblas se resisten. Pero es inevitable: no hay antídoto para el amor. El odio es inflamable pero será ceniza, y la ceniza, con una buena escoba deja de ser un problema.

Señores, paren esto de una puta vez (un canario enamorado de Cataluña).

GRR_

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