Moby Dick y etiqueta negra (con dos piedras de hielo)

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Un barco a la deriva en los callejones de Barcelona.

Érase una vez un galeón y su capitán, Kanan. El azar, caprichoso como siempre, quiso que el velero surcara el pacífico océano de la noche de Barcelona. Cuando cayó en la cuenta que era viernes, Kanan pensó que sería buena idea darse un paseo por las tabernas roqueras del puerto. Comenzó así una travesía sin brújula ni carta de navegación que le llevó a uno de esos antros. En él trabó la hebra con un grupo de marineros de diferente procedencia, pero todos catalanes. Kanan solo quería tomarse un último güisqui. Llevaba en la bodega más de los que debería, y el balanceo de su barco, aún estando en aguas tranquilas, comenzaba a ser preocupante. Después de soportar un rato (sin demasiado interés) una extraña discusión sobre la independencia, los presos políticos, los políticos presos, el derecho a decidir, España nos roba, eso es mentira, y todas esas cosas que supo que estaban tan de moda en aquellas aguas, se alejó unos metros. Quería escuchar la Moby Dick de Led Zeppelin. Kanan sabía que no era fácil encontrar una ballena como esa tan cerca de puerto. Lo sabía por haber surcado mil y un mares y océanos, siempre bajo las estrellas, siempre a la deriva, siempre sin brújula ni carta de navegación. Como iba contando, Kanan se alejó unos metros de aquellos marineros. Lo hizo justo en el momento en que John Bonham arrancó el que sigue siendo, a mi juicio, el mejor solo de batería de la historia del rock. Kanan se alejó, pero no lo suficiente, y oyó que uno de los marineros le decía:

—¡Eh, tú, canario! ¿Qué piensas de la independencia?

—¿Que qué pienso? —respondió Kanan—. Pienso que hay un hueco en la barra, y que tengo unas ganas de la hostia de escuchar a Bonham. Y que además, hacerlo con un etiqueta negra, dos piedras de hielo y agua aparte, podría presentarse con garantías a la siguiente edición de las siete maravillas del mundo moderno.

Kanan se dirigió a la barra y cambió la compañía de los marineros por la de una capitana de carabela con bandera pirata.

—¡Ese acento! —dijo la capitana—, ¿de dónde eres, marinero?

Kanan, mientras abría la botella de agua, respondió:

—De más al sur que el sur. De donde África se parte en siete trozos.

Dicen que Kanan se alejó con sigilo de la carabela pirata. Dicen también, que los cuatro marineros de diferente origen (pero todos catalanes), interrumpieron su discusión sobre la independencia para observar como el misterioso capitán soltaba amarras, levaba anclas y se alejaba de puerto.

Al día siguiente, Kanan se despertó solo consigo mismo. Moby Dick seguía sonando en su cabeza. Empezaba a convertirse en una obsesión, una muy parecida a la del capitán Ahab. Sí, el mismo, el del gran Melville.

GRR_

Para quien tenga ganas de escuchar los tamborazos:

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