Vivir para escribir

Buscando mi voz (con relatos breves y microrrelatos)

El ángel de la guarda
Tiempo aprox. de lectura: 2 min

Más allá del fin de un mundo siempre hay otro.

Solo un paso, pensé, solo queda un paso. Luego aprendí (y me gustó) que después de un último paso, o te paras o te encuentras dando otro primer paso.

Llovía, y llovía, y volvía a llover, y no paraba, y seguía lloviendo. «Pero, joder, ¿cómo coño puede llover tanto?», decían mis botas. «¿Sabes, botas?», le respondí, «Nunca había estado tan mojado de cielo». Y no mentía para que callaran, decía la verdad, nunca había estado tan mojado, al menos que recuerde. Yo era todo agua, por fuera y por dentro. La nariz chorreaba en dirección a la barbilla, y ésta, improvisaba a qué teta iría a parar el chorro que luego se perdía en el revoltijo de carne y tela mojadas que empezaba en el ombligo. Seguir leyendo…

Encuentro en París
Tiempo aprox. de lectura: 5 min

Se conocieron en París. Sobre uno de esos puentes que cruzan el Sena, creo que en el de Alejandro III. Sí, lo sé, parece sacado de una de esas historias de amor, de las que dan ganas de llorar a solitarios y mal acompañados. Podría omitirlo… Y lo he pensado, sí, créeme que lo he pensado, pero es que encima hacía un día espectacular, la luz de un cielo azul y limpio caía sobre París y esclarecía un atardecer de temperatura perfecta. La tarde, la muy jodida, combinaba igual de bien con un paseo por el Barrio Latino que con un café en una de esas terrazas parisinas de película. Daban ganas de enamorarse de cuaqluiera que pasara por la calle. Bueno, esto último es broma, ¿por dónde iba? Ah, sí:

Él se acercó a ella, puso una moneda en el estuche de la guitarra y dijo:

—¿Turnedo? Seguir leyendo…

El robo del siglo
Tiempo aprox. de lectura: 1 min

El nombre de mi hermana no lo sabía nadie, ni siquiera ella, por eso fue el mío el que ficharon el día que robamos los guantes. El jefe de seguridad nos miró desde arriba, negó con la cabeza y sonrió al ver a dos mocosas fingiendo tener miedo. Seguir leyendo…

La trampa de la Muerte
Tiempo aprox. de lectura: 3 min

Una se lleva la fama y otro el provecho.

El Tiempo y la Muerte siempre se evitaban. Cuando el Tiempo trabajaba, la Muerte se escondía y esperaba a que acabara con su labor. Pero una noche, debido a un malentendido, la Muerte llegó antes de lo que debía y encontró al Tiempo sentado junto al lecho de muerte de un joven aventurero.

—Tiene gracia —decía la Muerte mientras se acercaba—, este pobre, toda una vida de riesgo, y va y me encuentra en la plaza del pueblo.

El Tiempo le hizo hueco a la Muerte en el banco y dijo:

—Aún es pronto. Seguir leyendo…

El tiempo de las brujas
Tiempo aprox. de lectura: 3 min

El viejo estaba más nervioso de lo habitual, habían matado a la cochina y no se estaba quieto en su cuarto. Mi abuela resoplaba cuando lo oía, empezaba a impacientarse.

—¡Brujas! —gritó el viejo desde su cuarto.

—Cállate o voy para allá —dijo mi abuela.

—¡Rameras de Lucifer!

—Vete a la cocina —me dijo mi madre. Seguir leyendo…

El fin del mundo
Tiempo aprox. de lectura: 9 min

Aquel día no se hablaba de otra cosa que del fin del mundo.

—Ríos de sangre —decía el loco del pueblo—. Si es que lo dije, coño.

Y es posible que lo dijera, pero eran tantos los disparates que salían de su boca, que nadie le hacía caso. ¿Quién iba a pensar que Marcial se convirtiera en el mismísimo ángel anunciador? Pues, solo él, la verdad, que lo venía repitiendo una y otra vez desde hacía años. Seguir leyendo…

Mi primer día de clase
Tiempo aprox. de lectura: 1 min

Nunca he visto a nadie especial. Todos somos diferentes, solo eso, diferentes.

El día que empezaban las clases, mientras todos lloraban por tener que volver, yo le suplicaba a mis padres que me dejaran ir. Seguir leyendo…

El primer gran amor
Tiempo aprox. de lectura: 1 min

El día que volvíamos de las vacaciones en París, le oí decir a mi padre que habíamos llegado demasiado temprano al aeropuerto.

—Quédate con la niña —dijo mi madre —, tengo que ir a buscar algo para la abuela. Seguir leyendo…

El soldado y el capitán
Tiempo aprox. de lectura: 3 min

El ingeniero que diseñó aquel acorazado dijo que era indestructible. Una obra de arte destinada a ser el orgullo de una nación y el terror del enemigo. Grabó sus palabras junto a su nombre en una placa de cobre y la soldó en la entrada del puente de mando. Pero casi sin que la tripulación se diera cuenta, y sin haber disparado ni un solo proyectil, un torpedo G7e lo envió para siempre a las profundidades del océano pacífico. Seguir leyendo…

El banco de Burt y Deborah
Tiempo aprox. de lectura: 4 min

Por primera vez desde que se conocían, ella llegó primero. Miró de reojo hacia el banco que tenía enfrente y se sentó. Abrió un libro e intentó concentrarse en las primeras líneas. Después de unos segundos, lo cerró y cogió una cajetilla de malboro. Sacó un cigarrillo y lo encendió. Miró hacia la entrada del parque y lo apagó cuando vio que él se acercaba.

—¿Por qué aquí? —dijo ella antes de que él se sentara. Seguir leyendo…