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Microrrelatos

El niño y el viejo
Tiempo aprox. de lectura: 2 min

…Y la felicidad navegó en aguas de injusticia sin culpable.

La madre cogió al hijo con cuidado y lo puso en pie. El niño fijó la mirada en el viejo, se tambaleó, consiguió mantener el equilibrio, abrió los brazos y adelantó un pie. Luego, con la inseguridad de la falta de costumbre, adelantó el otro. Se detuvo. Dobló las rodillas. Se cae, dijo el viejo con los ojos, intentó levantarse de la silla de ruedas pero su cuerpo, como en los últimos treinta años, no le respondió. Seguir leyendo…

Dos huevos duros y la hartura de estado
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Si queréis conocer a un hombre, revestidle de un gran poder. (Pitaco de Mitilene, 650 AC-?, gobernante griego)

Érase una vez un cristiano que estaba pelando un huevo duro. En uno de esos momentos en los que el agua que cae en el fregadero deja de hacer ruido por haber rebotado en el brazo, escuchó que unos políticos no se ponían de acuerdo para gobernar el país en el que le había tocado vivir. Cosas del azar. Seguir leyendo…

Un desastre
Tiempo aprox. de lectura: 2 min

Solo hay algo mejor que la soledad, la buena compañía.

Un desastre. Eso es lo que soy: un puto desastre. Cuando estoy con alguien, y me refiero a estar de verdad, estar-estar, no estar por estar, sino estar-estar, pues eso, que cuando estoy-estoy, hay algo dentro de mi cabeza, algo así como un pepito grillo, o no, espera… Es más como una mosca cojonera, eso, eso, una mosca que zumba un susurro de deseo de soledad: quieeerooo eaastaaaar soooloooooo, dice una y otra vez… Cuando la oigo me hablo a mí mismo y me digo: “Coño, Ra, ¿y por qué no? Seguir leyendo…

Tiempo
Tiempo aprox. de lectura: 1 min

Espere un momento, señor… Lola, ¿a ti te va bien esta mierda? ¿Sí? ¿En serio? Pues a mí me va de pena, lentísimo, peor que ayer, y mira que ayer iba lento. Por cierto, ayer fue el cumpleaños de mi hija, la pequeña. Sí, tía, está mayor, y eso que no has visto a la otra. Seguir leyendo…

Mi última noche con Chapi
Tiempo aprox. de lectura: 3 min

¿Loco? No, Chapi no estaba loco, Chapi era un loco. Pero no un loco de esos catalogados por patología y porcentajes de esto y lo otro, no, de esos no, él era más bien un tipo libre que decía y hacía lo que le apetecía en cada momento. Disfrutaba de una libertad construida a base de rebeldía; y quizás fue esta última la que le empezó a traer problemas; problemas que se le fueron colgando del culo, algo así como las latas que cuelgan del parachoques de un coche de recién casados en las películas de Hollywood, pero más pesadas y escandalosas, sobre todo más pesadas. Ahora que lo pienso, ¿qué extrañas tradiciones, las de los yanquis?

Yo fui el último que lo vio con vida. Lo dejé en su casa sobre las tres de la madrugada, quizás algo más tarde, tres y cuarto o así. Cuando nos despedimos en el portal, los dos estábamos hasta el culo de tripi y hachís, pero controlábamos lo suficiente para tener una conversación con cierto sentido, una última conversación, nuestra última conversación. Seguir leyendo…

La hoja en blanco
Tiempo aprox. de lectura: 1 min

Érase una vez un tipo que fue a un curso de escritura creativa. Aquel sitio estaba lleno de escritores con las cabezas llenas de ideas inteligentes, preguntas preparadas, comentarios sorprendentes, novelas leídas, relatos analizados, sustantivos precisos, adjetivos limitados y todas esas cosas que pueblan las mentes de los escritores. En aquel lugar, el tipo se sintió como un burro en medio del Cruce de Shibuya; respiró hondo, contó hasta diez, se armó de paciencia, abrió un cuaderno comprado para la ocasión y retorció la parte superior del bolígrafo de siempre. Seguir leyendo…

Preguntas sin respuesta
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Tres golpes seguidos en la puerta. Otro más. Debe ser mi madre.

—Madre, ya voy.

—No te asustes, papá —dice una chica —, soy yo, ¡y no te levantes!

Me pregunto de quién diablos será ese bastón. ¿Por qué me costará tanto levantarme?

—Espera, papá… Joder, ¿cuántas veces te he dicho que no te levantes solo? Seguir leyendo…

El niño de la foto
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Hay un niño con unos ojos enormes. ¿Dónde? Aquí, en una foto, me imagino que para el colegio. Y también aquí. Está en el regazo de su padre, a lomos de un camello. ¿Y qué me dices de ésta? Ahí, junto a un Peugeot 204, jugando con una raqueta de madera. Busco una sonrisa pero siempre encuentro la misma mirada. Como en ésta, acaba de soplar una vela.

—Estoy triste —dijo hace más de cuarenta años—, sí, jodidamente triste. Seguir leyendo…

El robo del siglo
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El nombre de mi hermana no lo sabía nadie, ni siquiera ella, por eso fue el mío el que ficharon el día que robamos los guantes. El jefe de seguridad nos miró desde arriba, negó con la cabeza y sonrió al ver a dos mocosas fingiendo tener miedo. Seguir leyendo…

Mi primer día de clase
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Nunca he visto a nadie especial. Todos somos diferentes, solo eso, diferentes.

El día que empezaban las clases, mientras todos lloraban por tener que volver, yo le suplicaba a mis padres que me dejaran ir. Seguir leyendo…