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Microrrelatos

Moby Dick y etiqueta negra (con dos piedras de hielo)
Tiempo aprox. de lectura: 2 min

Un barco a la deriva en los callejones de Barcelona.

Érase una vez un galeón y su capitán, Kanan. El azar, caprichoso como siempre, quiso que el velero surcara el pacífico océano de la noche de Barcelona. Cuando cayó en la cuenta que era viernes, Kanan pensó que sería buena idea darse un paseo por las tabernas roqueras del puerto. Comenzó así una travesía sin brújula ni carta de navegación que le llevó a uno de esos antros. En él trabó la hebra con un grupo de marineros de diferente procedencia, pero todos catalanes. Seguir leyendo…

En el concierto de los Stones (con Wolfgang)
Tiempo aprox. de lectura: 2 min

Es solo rock & roll (pero me gusta)

—Que sí, Herr Wolfgang, que ya lo sé, it’s only rock and roll. Unos pocos acordes, rifs improvisados que recuerdan a Chuck Berry, escala pentatónica, todo muy repetitivo. Sí, también: unos viejos gamberros arrastrando sus huesos por el escenario; salvo Mick Jagger, claro, a ese lo dejamos aparte. Que sí, coño, cállese un rato y escuche, hombre, que me tiene loco de la cabeza. Si llego a saber que era tan pesado, no le traigo. Perdone, no se raye, hombre, es que no me está dejando escuchar nada. Ya sé que su Requiem es una obra de arte, y La Flauta Mágica, Las bodas de Fígaro, Don Giovanni. Sí, hay que ser un puto genio para componer todo eso. Y a su edad. Y créame, Herr, adoro su música. Sin embargo, no sé, este ruido: la sobriedad de la batería de Watts, los chillidos de las guitarras de Richards y Wood, Seguir leyendo…

El sueño de Marga
Tiempo aprox. de lectura: < 1 min

Después de más ocho años recorriendo callejones juntas:

—Me estás acojonando, Marga —dijo Bea—. Venga, tía, bájate de ahí, joder.

—¿Sabes, Bea? Una vez soñé que podía volar.

—No me jodas, tía, venga, bájate.

Marga miró hacia abajo y dijo: Seguir leyendo…

Praga
Tiempo aprox. de lectura: < 1 min

Praga es lo que no fuimos. El final de una historia. Dos universos que se tocan y se separan por el frío del olvido, por la navaja de la resignación. Una navaja afilada por la cobardía, mellada por el miedo. Praga es la muerte en un cuchitril. Una resurrección al pie de una fuente olvidada por el mundo. El desgarro de la piel por la muda del alma, o de lo que coño sea lo que te hace ser quién coño eres. Seguir leyendo…

Los sonajeros del rey
Tiempo aprox. de lectura: < 1 min

Hay ciertas cosas para las que se necesita una edad. O eso, o es que me estoy haciendo viejo.

¡Venga, a seguir viendo la tele! Y con elecciones de propina, otra vez, con lo que me gusta ver a estos cuatro insultándose todo el tiempo. A ver si se le ocurre al rey, con lo alto, guapo y listo que es, Seguir leyendo…

El olor de mi ropa
Tiempo aprox. de lectura: < 1 min

Hoy tampoco encontré trabajo. Y mira que el puesto era perfecto. Y anoche incluso pude entrar al centro de acogida y dormir bien. Y hasta ducharme. Pero no había tiempo para lavar la ropa, no se habría secado antes de la entrevista. No sé, pero creo que fue precisamente eso: el olor de mi ropa, y no mi currículum, lo que hizo que el funcionario cambiara la X de casilla. La próxima vez dejaré claro donde vivo.

El boliche mágico
Tiempo aprox. de lectura: 2 min

Con el boliche en el bolsillo volví con mi gente. Allí apestaba a una mezcla de maquillaje, tabaco, farlopa y bazuco, así que decidí subir a la terraza y comenzar con el ritual que aquel tipo me había enseñado. Después del acto final, me subí al muro que daba a la calle y me dejé caer. Seguir leyendo…

Purpurina invisible
Tiempo aprox. de lectura: < 1 min

No podía dejar de llorar purpurina invisible. No lo hagas, créeme, todo va a salir bien, estamos juntos y eso es lo que importa. Seguir leyendo…

Nómadas del espacio-tiempo
Tiempo aprox. de lectura: < 1 min

Con el derecho siempre procuro mirar para otro lado para que no se note que en realidad se trata de un ojo cuántico, un visor subatómico diseñado con estilo “vintage” —emulación de ojo de cristal del siglo veinte—, una esfera capaz de romper la continuidad espacio-temporal sin más energía que una batería microscópica de polvo cósmico. Una maravilla tecnológica si no fuera porque el dichoso artilugio me ha convertido en un ser de existencia asíncrona, uno de esos tipos atormentados por los fantasmas del pasado y los miedos del futuro, registrado en el padrón intergaláctico de nómadas del espacio-tiempo.

El niño y el viejo
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…Y la felicidad navegó en aguas de injusticia sin culpable.

La madre cogió al hijo con cuidado y lo puso en pie. El niño fijó la mirada en el viejo, se tambaleó, consiguió mantener el equilibrio, abrió los brazos y adelantó un pie. Luego, con la inseguridad de la falta de costumbre, adelantó el otro. Se detuvo. Dobló las rodillas. Se cae, dijo el viejo con los ojos, intentó levantarse de la silla de ruedas pero su cuerpo, como en los últimos treinta años, no le respondió. Seguir leyendo…