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Microrrelatos

El olor de mi ropa
Tiempo aprox. de lectura: 1 min

Hoy tampoco encontré trabajo. Y mira que el puesto era perfecto. Y anoche incluso pude entrar al centro de acogida y dormir bien. Y hasta ducharme. Pero no había tiempo para lavar la ropa, no se habría secado antes de la entrevista. No sé, pero creo que fue precisamente eso: el olor de mi ropa, y no mi currículum, lo que hizo que el funcionario cambiara la X de casilla. La próxima vez dejaré claro donde vivo.

El boliche mágico
Tiempo aprox. de lectura: 2 min

Con el boliche en el bolsillo volví con mi gente. Allí apestaba a una mezcla de maquillaje, tabaco, farlopa y bazuco, así que decidí subir a la terraza y comenzar con el ritual que aquel tipo me había enseñado. Después del acto final, me subí al muro que daba a la calle y me dejé caer. Seguir leyendo…

Purpurina invisible
Tiempo aprox. de lectura: 1 min

No podía dejar de llorar purpurina invisible. No lo hagas, créeme, todo va a salir bien, estamos juntos y eso es lo que importa. Seguir leyendo…

Nómadas del espacio-tiempo
Tiempo aprox. de lectura: 1 min

Con el derecho siempre procuro mirar para otro lado para que no se note que en realidad se trata de un ojo cuántico, un visor subatómico diseñado con estilo “vintage” —emulación de ojo de cristal del siglo veinte—, una esfera capaz de romper la continuidad espacio-temporal sin más energía que una batería microscópica de polvo cósmico. Una maravilla tecnológica si no fuera porque el dichoso artilugio me ha convertido en un ser de existencia asíncrona, uno de esos tipos atormentados por los fantasmas del pasado y los miedos del futuro, registrado en el padrón intergaláctico de nómadas del espacio-tiempo.

El niño y el viejo
Tiempo aprox. de lectura: 2 min

…Y la felicidad navegó en aguas de injusticia sin culpable.

La madre cogió al hijo con cuidado y lo puso en pie. El niño fijó la mirada en el viejo, se tambaleó, consiguió mantener el equilibrio, abrió los brazos y adelantó un pie. Luego, con la inseguridad de la falta de costumbre, adelantó el otro. Se detuvo. Dobló las rodillas. Se cae, dijo el viejo con los ojos, intentó levantarse de la silla de ruedas pero su cuerpo, como en los últimos treinta años, no le respondió. Seguir leyendo…

Dos huevos duros y la hartura de estado
Tiempo aprox. de lectura: 2 min

Si queréis conocer a un hombre, revestidle de un gran poder. (Pitaco de Mitilene, 650 AC-?, gobernante griego)

Érase una vez un cristiano que estaba pelando un huevo duro. En uno de esos momentos en los que el agua que cae en el fregadero deja de hacer ruido por haber rebotado en el brazo, escuchó que unos políticos no se ponían de acuerdo para gobernar el país en el que le había tocado vivir. Cosas del azar. Seguir leyendo…

Un desastre
Tiempo aprox. de lectura: 2 min

Solo hay algo mejor que la soledad, la buena compañía.

Un desastre. Eso es lo que soy: un puto desastre. Cuando estoy con alguien, y me refiero a estar de verdad, estar-estar, no estar por estar, sino estar-estar, pues eso, que cuando estoy-estoy, hay algo dentro de mi cabeza, algo así como un pepito grillo, o no, espera… Es más como una mosca cojonera, eso, eso, una mosca que zumba un susurro de deseo de soledad: quieeerooo eaastaaaar soooloooooo, dice una y otra vez… Cuando la oigo me hablo a mí mismo y me digo: “Coño, Ra, ¿y por qué no? Seguir leyendo…

Tiempo
Tiempo aprox. de lectura: 1 min

Espere un momento, señor… Lola, ¿a ti te va bien esta mierda? ¿Sí? ¿En serio? Pues a mí me va de pena, lentísimo, peor que ayer, y mira que ayer iba lento. Por cierto, ayer fue el cumpleaños de mi hija, la pequeña. Sí, tía, está mayor, y eso que no has visto a la otra. Seguir leyendo…

Mi última noche con Chapi
Tiempo aprox. de lectura: 3 min

¿Loco? No, Chapi no estaba loco, Chapi era un loco. Pero no un loco de esos catalogados por patología y porcentajes de esto y lo otro, no, de esos no, él era más bien un tipo libre que decía y hacía lo que le apetecía en cada momento. Disfrutaba de una libertad construida a base de rebeldía; y quizás fue esta última la que le empezó a traer problemas; problemas que se le fueron colgando del culo, algo así como las latas que cuelgan del parachoques de un coche de recién casados en las películas de Hollywood, pero más pesadas y escandalosas, sobre todo más pesadas. Ahora que lo pienso, ¿qué extrañas tradiciones, las de los yanquis?

Yo fui el último que lo vio con vida. Lo dejé en su casa sobre las tres de la madrugada, quizás algo más tarde, tres y cuarto o así. Cuando nos despedimos en el portal, los dos estábamos hasta el culo de tripi y hachís, pero controlábamos lo suficiente para tener una conversación con cierto sentido, una última conversación, nuestra última conversación. Seguir leyendo…

La hoja en blanco
Tiempo aprox. de lectura: 1 min

Érase una vez un tipo que fue a un curso de escritura creativa. Aquel sitio estaba lleno de escritores con las cabezas llenas de ideas inteligentes, preguntas preparadas, comentarios sorprendentes, novelas leídas, relatos analizados, sustantivos precisos, adjetivos limitados y todas esas cosas que pueblan las mentes de los escritores. En aquel lugar, el tipo se sintió como un burro en medio del Cruce de Shibuya; respiró hondo, contó hasta diez, se armó de paciencia, abrió un cuaderno comprado para la ocasión y retorció la parte superior del bolígrafo de siempre. Seguir leyendo…