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Relatos

Los ojos de Said
Tiempo aprox. de lectura: 1 min

Los jueces no devuelven el tiempo ni las vidas robadas de las otras víctimas, de los acusados injustamente, de los sentenciados a una cadena perpetua social por algo que no han hecho. Con humildad, dedico este relato a todos los que (como Said) han sido envenenados por el prejuicio (racial o de cualquier otro tipo), con el deseo de que el antídoto del amor elimine el veneno de sus venas y de las de sus familias.

El relato breve «Los ojos de Said» lo escribí como relato de fin de curso del Curso de Técnicas Narrativas de Néstor Belda. Gracias, Ness. Gracias también a Txaro Cárdenas, de Moon Magazine.

Enlace al relato: http://bit.ly/2RmNX02

 

El abismo de dos metros
Tiempo aprox. de lectura: 5 min

—Joder, sí —gritó.

Se subió a la barandilla, levantó los brazos y cerró los ojos. Igual él, cuando negó con la cabeza y dibujó una de esas sonrisas condescendientes, no sabía lo que ella sentía, pero yo sí, y tanto que yo lo sabía. Ella sentía el viento del norte. Lo supe porque remojó los labios y sus ojos brillaron al mirar el abismo que caía allá abajo, a lo lejos, a unos dos metros de sus allstar. Lo hizo hasta que llegó él y convirtió el suspiro de libertad en resignación, la rebeldía, esa que le hacía apretar los dientes, correr, gritar, llorar, esa rebeldía la convirtió también en una resignación que le permitió por fin ser feliz. Seguir leyendo…

El día del beso
Tiempo aprox. de lectura: 3 min

El día del beso, Maika llegó algo más tarde que su familia a la exposición; el trabajo, siempre el trabajo. Tú y el curro, decía Alejandro, organizador del evento, un certamen de pintura rápida. Maika cogió el brazo de su marido y dijo:

—Tengo que ir baño.

—¿Quieres que te acompañe, cariño?

—No te preocupes, ahora vuelvo.

Alejandro estaba a unos veinte metros, junto a los baños químicos, una zona oscura y maloliente que él mismo había decidido ubicar allí cuando organizó el evento.

—Lo que me faltaba —dijo Maika al verle. Seguir leyendo…

La cruz de Maruca
Tiempo aprox. de lectura: 11 min

¿Cuántas perdices has sido decapitadas por los finales felices? Miles. Millones. Vaya usted a saber. Si hay alguna perdiz por ahí, que se esté tranquila, porque en esta historia no corre ningún peligro, ni ella ni nadie de su especie, porque me consta, que a diferencia de los seres humanos, las perdices no disfrutan con la desgracia de sus semejantes. Y dicho ésto, vamos a lo que vamos, la historia.

Dolores abrió la tienda a eso de las nueve de la mañana. Corrió la tranca de la puerta y la arrastró a la vez que ignoraba el chirrido que salía del roce con el suelo. Seguir leyendo…

El contador de estrellas
Tiempo aprox. de lectura: 3 min

Justicia sin misericordia es crueldad. (Santo Tomás de Aquino)

Una noche de octubre en Praga, junto al Puente Carlos.

—¿Se puede saber qué estás haciendo? —dijo ella.

—¿Te conozco? —dijo él.

—¿Qué haces aquí a esta hora?

—Eres policía o algo así.

—No, pero quiero saber qué haces.

—¿Puedes callarte? Necesito concentrarme. Seguir leyendo…

El libro
Tiempo aprox. de lectura: 2 min

Hay historias que es mejor no escribir, ¿o sí?

Siendo seguido por la mirada de ella, él se sentó en el banco, cruzó las piernas y abrió un libro. Aún sin pasar una página, sacó el teléfono del bolsillo y lo lanzó a una charca que había enfrente. Ella, que estaba sentada justo otro lado, miró dentro de su bolso. Él dejó el libro abierto sobre el banco, se levantó, se acercó a la charca, sacó el teléfono del agua, y después de sacudirlo, lo metió en el bolsillo de su chaqueta. Luego metió las manos en los bolsillos del pantalón y se alejó. Se detuvo para encender un cigarrillo y se dirigió a la salida del parque.

—Oiga —dio ella—. Se ha dejado el libro.

Lo cogió y sonrió al ver la portada.

—¿Lo conoces? —dijo él.

—Sí —dijo ella—, lo leí hace unas semanas. Seguir leyendo…

El retorno del Fredi
Tiempo aprox. de lectura: 4 min

A todos aquellos que huyeron para ser ellos mismos, en otro lugar, lejos de los suyos.

Elena descolgó el teléfono, giró el marcador seis veces y dijo:

—¡Pon la tele, ya!

—¿Qué pasa, Ele?

—Es él.

—¿Quién?

—Ponla, Cris, ponla ya, joder. Seguir leyendo…

Encuentro en París
Tiempo aprox. de lectura: 5 min

Se conocieron en París. Sobre uno de esos puentes que cruzan el Sena, creo que en el de Alejandro III. Sí, lo sé, parece sacado de una de esas historias de amor, de las que dan ganas de llorar a solitarios y mal acompañados. Podría omitirlo… Y lo he pensado, sí, créeme que lo he pensado, pero es que encima hacía un día espectacular, la luz de un cielo azul y limpio caía sobre París y esclarecía un atardecer de temperatura perfecta. La tarde, la muy jodida, combinaba igual de bien con un paseo por el Barrio Latino que con un café en una de esas terrazas parisinas de película. Daban ganas de enamorarse de cuaqluiera que pasara por la calle. Bueno, esto último es broma, ¿por dónde iba? Ah, sí:

Él se acercó a ella, puso una moneda en el estuche de la guitarra y dijo:

—¿Turnedo? Seguir leyendo…

La trampa de la Muerte
Tiempo aprox. de lectura: 3 min

Una se lleva la fama y otro el provecho.

El Tiempo y la Muerte siempre se evitaban. Cuando el Tiempo trabajaba, la Muerte se escondía y esperaba a que acabara con su labor. Pero una noche, debido a un malentendido, la Muerte llegó antes de lo que debía y encontró al Tiempo sentado junto al lecho de muerte de un joven aventurero.

—Tiene gracia —decía la Muerte mientras se acercaba—, este pobre, toda una vida de riesgo, y va y me encuentra en la plaza del pueblo.

El Tiempo le hizo hueco a la Muerte en el banco y dijo:

—Aún es pronto. Seguir leyendo…

El tiempo de las brujas
Tiempo aprox. de lectura: 3 min

El viejo estaba más nervioso de lo habitual, habían matado a la cochina y no se estaba quieto en su cuarto. Mi abuela resoplaba cuando lo oía, empezaba a impacientarse.

—¡Brujas! —gritó el viejo desde su cuarto.

—Cállate o voy para allá —dijo mi abuela.

—¡Rameras de Lucifer!

—Vete a la cocina —me dijo mi madre. Seguir leyendo…