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Relatos

La resurrección de Benito
Tiempo aprox. de lectura: 3 min

¿Recuerdan a Benito “el cojo”? Sí, el mismo, el de la parroquia endemoniada.

La noche de su resurrección fue mucho antes. A diferencia de la de Lázaro, el de Betania, la resurrección de Benito no requirió de la intervención de Jesús. Fue Belinda, la viuda del peletero, la que obró el milagro en el que ya habíamos perdido la esperanza. Seguir leyendo…

Los zapatos de mi abuela
Tiempo aprox. de lectura: 3 min

Para las abuelas que malcrían nietos, desesperación de padres y felicidad de hijos.

La diabetes que padecía mi abuela se ensañó con sus pies. Tal y como le había indicado el médico, ella seguía la dieta y había aprendido a inyectarse insulina. Para mejorar la circulación, ejercitaba sus piernas con el pedal de una vieja máquina de coser. Un modelo de singer de los años sesenta. Seguir leyendo…

Un trozo de Pablo para cada una
Tiempo aprox. de lectura: 3 min

Una historia con poco amor y mucha generosidad.

Si te digo que quería a Pablo con locura, me dirías: Ah, sí, qué bonito, una historia de amor. ¿Y si te digo que Pablo me engañó? Lo de siempre, responderías, una historia de infidelidad, otra más. Pero si te digo que lo descuarticé y le ofrecí un trozo a cada amante, ¿qué me dirías? Sí, lo sé, que debo haber perdido el juicio por hacer una cosa así. Pues no, te equivocas, porque en el fondo fue una cuestión de generosidad. Seguir leyendo…

Mi hermano Alexandre
Tiempo aprox. de lectura: 2 min

Alexandre fue mi mejor amigo durante tres días. Había venido desde el norte de Francia. Según me contó, era un sitio en el que casi siempre hacía frío. Su padre era un ingeniero de Amiens. Había llegado a Abuya para diseñar los mejores pozos de petróleo de Nigeria. Cuando me lo dijo, no lo podía creer. Yo no sabía lo que era un ingeniero, pero si diseñaba pozos, y eran los mejores, debía ser alguien importante.

Una tarde pasamos por un garaje donde mezclaban heroína. Seguir leyendo…

Eugenio, genio del mes – El viaje de Cleto
Tiempo aprox. de lectura: 4 min

La lección de Cleto.

—¡Eugenio! Preséntese ahora mismo en mi despacho.

Eugenio dejó todo lo que no estaba haciendo y entró en el despacho del ministro de los genios.

—Dígame, señor ministro. Seguir leyendo…

Aroma de vainilla
Tiempo aprox. de lectura: 2 min

Para los que esperaron por los que no volvieron. Con el deseo de que vuelvan algún día o esperen en un lugar mejor.

Todas las noches hacían el amor como si fuera la primera vez. Luego se dormían abrazados y les despertaba la costumbre. Ella se levantaba antes y preparaba el café. La cafetera le recordaba a su padre. Silbaba, apagaba el infiernillo y volvía a la cama. Cinco minutos más, decía. Se abrazaban y disfrutaban del calor y el roce de sus cuerpos. Sin despuntar aún la mañana, se despedían en la puerta. Ella le besaba como si fuera la última vez. No sabía hacerlo de otra forma. Conocía bien el precio de su amor. Enterrar a un padre se lo enseñó desde niña. Tuvo suerte. La mar vomitó su cuerpo dos semanas después de tragárselo. Muchos no vuelven, mi niña. Ni siquiera muertos, le dijo su madre mientras la abrazaba llorando. Tenía ocho años. Seguir leyendo…

El extraño caso de Benjamín el flaco
Tiempo aprox. de lectura: 3 min

Nunca subestimes los efectos psicotrópicos de un vino en mal estado.

Aquella tarde de Enero, Benjamín “el flaco” volvió de la oficina más tarde de lo habitual. Como en otras muchas ocasiones, decidió entrar en el Bar La Esquina, un local que no era un bar ni estaba en una esquina. Era una panadería con una barra de aluminio y dos mesas de plástico. No había mejor excusa para tomarse unas cañas, que bajar a por el pan y el periódico. Con esa idea de empresa, abrió Amancio una panadería en la que casi siempre faltaba pan, pero nunca el periódico. Con esa misma filosofía, plantaba almas en pena en la barra y las regaba con buen ron y el peor de los vinos. En honor a su propietario o por miedo a su hija, nunca se molestó en quitar el rótulo del bar de su suegro. Seguir leyendo…

La lotería
Tiempo aprox. de lectura: 4 min

Lo que no compra el dinero es lo más valioso.

—¡Don Antonio, abra la puerta, que creo que se ha sacado la primitiva!

Cuando sentí que golpeaban la puerta con tanta fuerza, pensé que era para ejecutar la orden de desahucio que me habían notificado la semana anterior. Llevaba meses sin poder pagar la hipoteca. Sabía que el banco no tardaría en llamar a la puerta. Lo decía el director de la sucursal negándome el saludo y la joven de la ventanilla con una sonrisa compasiva. La pensión no me llegaba y no tenía ayudas. Seguir leyendo…

Uno de la guerra
Tiempo aprox. de lectura: 2 min

Dedicado a los caídos y sus familias. De todos los bandos y guerras.

Por fin se acercaba el final de uno de los inviernos más fríos que se recordaban en Madrid. Los clientes entraban en el bar intentando calentar las manos con el aliento. Hacían el gesto de quitarse el abrigo pero quedaba en eso, un gesto. Para soportar el frío se servía un tinto que nos llegaba de Valladolid. Un vino con cuerpo que calentaba ánimos y entrañas al mismo tiempo, desde el primer trago. Seguir leyendo…

El secreto de don Matías
Tiempo aprox. de lectura: 2 min

Don Matías vivía en segundas nupcias con doña Matilde. Todos los domingos por las mañana se perfumaba y se endomingaba para ir a la ciudad. Sacaba veinte billetes de una jarra y los metía en un sobre. Antes de salir, doña Matilde lo miraba de arriba a abajo, le colocaba el cuello, le daba un beso en la mejilla y frotaba la solapa de su chaqueta para retener su olor. Cuando salía de casa, bajaba la cabeza y se preparaba para recibir a sus nietos. Don Matías cogía el primer autobús de la mañana en dirección a la ciudad. Aquel domingo, como en otras ocasiones, entró dándole los buenos días a Jaime y se sentó en la parte trasera. Seguir leyendo…