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Relatos

Mi padre de seis años
Tiempo aprox. de lectura: 3 min

Frío. Cuando entré en la tienda aquella mañana de octubre sentí frío. Momentos antes, en el Paseo de Recoletos, las hojas de los castaños de indias surcaban un aire gélido y seco. Parecían haber perdido el color. Aquella mañana no había luz, no había color, no había rojos ni naranjas, ni mil amarillos con los que jugar a definir como más rojo o más naranja.
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Vete a la mierda
Tiempo aprox. de lectura: 5 min

—¿Una puta sobredosis? —dijo Bea mientras entraba en la sala llorando. Venía corriendo por el pasillo. Cuando me vio en la esquina, se acercó con los puños cerrados y me golpeó en el pecho sin fuerza. No tardó en rendirse. Me abrazó y convirtió su rabia en tristeza, sus puños en manos abiertas, extremos de unos brazos pálidos decorados por tatuajes que recordaban momentos. Fue un abrazo estéril que no consolaba, pero que nos unía en la tristeza. Seguir leyendo…

La parroquia endemoniada
Tiempo aprox. de lectura: 7 min

El «Comandante» era un bar tan pequeño que casi no existía. Una puerta de madera de muy mal envejecer lo separaba del mundo por el día. Nunca tuvo espacio para mesas ni sillas y el paso del tiempo, rítmico y despiadado, había convertido la cocina en un recoveco sin luz ni provecho. Había tan poca ventilación, que el aire peleaba con los clientes por el espacio. Los más viejos decían que aún podían percibir el aroma del ron con el que se brindó el día de la inauguración. La barra era una mole de roble que lo atravesaba de lado a lado. Estaba tallada con delicadeza y precisión por el maestro Gallardo, un ebanista muy respetado en el pueblo. En el centro de la talla destacaba el rostro de Che Guevara. Seguir leyendo…

La tregua de Clara
Tiempo aprox. de lectura: 4 min

Clara enfermó el año de su jubilación. Todos hablaban de que había que luchar contra «la enfermedad», contra un ejército de células rebeldes, unas pequeñas asesinas que habían decidido saltarse todas las reglas. Ella no sentía que tuviera que librar ninguna batalla, sentía que necesitaba reconciliarse con su cuerpo. Habían pasado cuatro años y necesitaba una tregua. Seguir leyendo…