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Relatos

El libro
Tiempo aprox. de lectura: 2 min

Hay historias que es mejor no escribir, ¿o sí?

Siendo seguido por la mirada de ella, él se sentó en el banco, cruzó las piernas y abrió un libro. Aún sin pasar una página, sacó el teléfono del bolsillo y lo lanzó a una charca que había enfrente. Ella, que estaba sentada justo otro lado, miró dentro de su bolso. Él dejó el libro abierto sobre el banco, se levantó, se acercó a la charca, sacó el teléfono del agua, y después de sacudirlo, lo metió en el bolsillo de su chaqueta. Luego metió las manos en los bolsillos del pantalón y se alejó. Se detuvo para encender un cigarrillo y se dirigió a la salida del parque.

—Oiga —dio ella—. Se ha dejado el libro.

Lo cogió y sonrió al ver la portada.

—¿Lo conoces? —dijo él.

—Sí —dijo ella—, lo leí hace unas semanas. Seguir leyendo…

El retorno del Fredi
Tiempo aprox. de lectura: 4 min

A todos aquellos que huyeron para ser ellos mismos, en otro lugar, lejos de los suyos.

Elena descolgó el teléfono, giró el marcador seis veces y dijo:

—¡Pon la tele, ya!

—¿Qué pasa, Ele?

—Es él.

—¿Quién?

—Ponla, Cris, ponla ya, joder. Seguir leyendo…

Encuentro en París
Tiempo aprox. de lectura: 5 min

Se conocieron en París. Sobre uno de esos puentes que cruzan el Sena, creo que en el de Alejandro III. Sí, lo sé, parece sacado de una de esas historias de amor, de las que dan ganas de llorar a solitarios y mal acompañados. Podría omitirlo… Y lo he pensado, sí, créeme que lo he pensado, pero es que encima hacía un día espectacular, la luz de un cielo azul y limpio caía sobre París y esclarecía un atardecer de temperatura perfecta. La tarde, la muy jodida, combinaba igual de bien con un paseo por el Barrio Latino que con un café en una de esas terrazas parisinas de película. Daban ganas de enamorarse de cuaqluiera que pasara por la calle. Bueno, esto último es broma, ¿por dónde iba? Ah, sí:

Él se acercó a ella, puso una moneda en el estuche de la guitarra y dijo:

—¿Turnedo? Seguir leyendo…

La trampa de la Muerte
Tiempo aprox. de lectura: 3 min

Una se lleva la fama y otro el provecho.

El Tiempo y la Muerte siempre se evitaban. Cuando el Tiempo trabajaba, la Muerte se escondía y esperaba a que acabara con su labor. Pero una noche, debido a un malentendido, la Muerte llegó antes de lo que debía y encontró al Tiempo sentado junto al lecho de muerte de un joven aventurero.

—Tiene gracia —decía la Muerte mientras se acercaba—, este pobre, toda una vida de riesgo, y va y me encuentra en la plaza del pueblo.

El Tiempo le hizo hueco a la Muerte en el banco y dijo:

—Aún es pronto. Seguir leyendo…

El tiempo de las brujas
Tiempo aprox. de lectura: 3 min

El viejo estaba más nervioso de lo habitual, habían matado a la cochina y no se estaba quieto en su cuarto. Mi abuela resoplaba cuando lo oía, empezaba a impacientarse.

—¡Brujas! —gritó el viejo desde su cuarto.

—Cállate o voy para allá —dijo mi abuela.

—¡Rameras de Lucifer!

—Vete a la cocina —me dijo mi madre. Seguir leyendo…

El fin del mundo
Tiempo aprox. de lectura: 9 min

Aquel día no se hablaba de otra cosa que del fin del mundo.

—Ríos de sangre —decía el loco del pueblo—. Si es que lo dije, coño.

Y es posible que lo dijera, pero eran tantos los disparates que salían de su boca, que nadie le hacía caso. ¿Quién iba a pensar que Marcial se convirtiera en el mismísimo ángel anunciador? Pues, solo él, la verdad, que lo venía repitiendo una y otra vez desde hacía años. Seguir leyendo…

El soldado y el capitán
Tiempo aprox. de lectura: 3 min

El ingeniero que diseñó aquel acorazado dijo que era indestructible. Una obra de arte destinada a ser el orgullo de una nación y el terror del enemigo. Grabó sus palabras junto a su nombre en una placa de cobre y la soldó en la entrada del puente de mando. Pero casi sin que la tripulación se diera cuenta, y sin haber disparado ni un solo proyectil, un torpedo G7e lo envió para siempre a las profundidades del océano pacífico. Seguir leyendo…

El banco de Burt y Deborah
Tiempo aprox. de lectura: 4 min

Por primera vez desde que se conocían, ella llegó primero. Miró de reojo hacia el banco que tenía enfrente y se sentó. Abrió un libro e intentó concentrarse en las primeras líneas. Después de unos segundos, lo cerró y cogió una cajetilla de malboro. Sacó un cigarrillo y lo encendió. Miró hacia la entrada del parque y lo apagó cuando vio que él se acercaba.

—¿Por qué aquí? —dijo ella antes de que él se sentara. Seguir leyendo…

La jubilación del comisario
Tiempo aprox. de lectura: 5 min

La primera de polis. Me temo que no será la última.

En su último día de servicio, el comisario Manzano entró en su despacho con una sonrisa que dejó boquiabierto a la mitad de la comisaría. A media mañana golpeó el teléfono contra la mesa y lo lanzó contra la estantería.

—¡Me cago en todo lo que se menea! —dijo mientras se levantaba.

Le dio una patada a la cajonera y abrió la puerta.

—¡Montálvez, venga aquí! Seguir leyendo…

Un mártir para la cripta
Tiempo aprox. de lectura: 6 min

Lucas dejó caer la bicicleta, se sacó los pantalones de los calcetines y sacudió la gravilla de los zapatos. Entró por la puerta lateral. Cuando pasó junto al sagrario, se detuvo un instante para persignarse. Luego miró de reojo la escalera de la cripta y se dirigió al confesionario. En la sacristía, el padre Simón despachaba a un enviado del obispo. Como cada día, tenía que informarle sobre la desaparición del padre Elías.

—Ya son siete días. El obispo quiere cerrar este tema lo antes posible.

—Corre el rumor de que ha huido con una joven —dijo el padre Simón.

—No lo dice muy convencido. ¿Y usted qué cree?

—Me temo algo peor, hijo, mucho peor que eso. Seguir leyendo…