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Psicología con P – Capítulo III
Tiempo aprox. de lectura: 6 min

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La nota de Pe.

Con la puntualidad que le caracteriza, Pe recogió a Ray en su casa a las siete menos veinte de la tarde. Habían quedado a las seis para ir juntos a la presentación del libro “Las vidas de Jota”. Se celebraba en una famosa librería del centro de la ciudad. El día que vio el cartel anunciando el acto, Pe compró el libro y lo leyó de una sentada. Al día siguiente, casi sin dormir, lo lanzó sobre la mesa de Ray. Estaba enfadada por verse reflejada en una de las historias. Desde ese mismo día, consultaba la página de facebook de la librería donde se celebraba la presentación. A Ray le decía que lo hacía porque temía que cancelaran el acto. Ray sabía que no era eso lo que buscaba en facebook: “A mí no me engañas, princesa, tú lo que quieres es ver fotos de tu príncipe”. Estaba prevista una rueda de prensa. Al finalizar, el escritor firmaría libros a todos los asistentes. Seguir leyendo…


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La espina de Rayco
Tiempo aprox. de lectura: 3 min

Ray fue Rayco antes de ser Ray.

Aquella mañana, despistada como siempre, entré en el despacho de Ray sin tocar. No era la primera vez que lo hacía, pero ese día no era uno cualquiera. Ray tomaba nota en su agenda y se despedía de una paciente. La joven se levantó y salió de la consulta sin levantar la cabeza ni despedirse. Seguir leyendo…

En el salcai (Las movidas de Farfán)
Tiempo aprox. de lectura: 5 min

Puto jaco mierda. Todas las vidas merecen ser vividas.

Para quien no lo sepa, Salcai era el nombre de una de las empresas públicas de guaguas que operaban en Gran Canaria. Más tarde, después de una fusión de compañías, pasó a llamarse Global. Los viejos y los no tan jóvenes, seguimos cogiendo salcais cuando no tenemos coche. Así le sigo llamando yo a esos mastodontes cuadrados, antes verdes, ahora azul turquesa. Bestias metálicas que me llevaron acojonado por primera vez a la universidad, y me trajeron, desconojado y borracho, un montón de veces de fiestas y tenderetes. Los salcais transportaban vidas y experiencias en asientos de skay marrones. Siempre decorados con garabatos, rajas y agujeros. Tarea difícil, por no decir imposible, era encontrarlos intactos. Llegué a pensar que las primeras rajas y rayones venían de fábrica. De esa época tengo muchos recuerdos, la mayoría felices. Seguir leyendo…

Encuentro en Berlín – Capítulo III
Tiempo aprox. de lectura: 12 min

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Bienvenidos al paraíso.

Las ruedas traseras del avión golpearon con fuerza la pista. Salka sonreía con los ojos cerrados. Ya no rezaba. Yo la miraba y rogaba poder estar a su lado más tiempo. De esos momentos recuerdo sus ojos cerrados. Unos ojos sobre los que se balanceaban unas cejas negras, pobladas y libres. Los focos de la policía se colaban por la ventanilla parpadeando, y salpicaban de brillo los rizos de su melena. Como si de un ritual previo a la desgracia se tratara, se la había soltado instantes antes de aterrizar. El pelo era del mismo negro azabache que cejas y pestañas. Caía hasta la mitad de su espalda, lo hacía sin orden pero en armonía. Estaba a punto de morir y solo sentí no poder estar más tiempo con ella. Lo hubiera dado todo por ver sus ojos cada amanecer de mi vida. Ver sus ojos y escuchar su voz. Nunca había sentido nada así. Aprendí que estar a punto de morir, a veces, solo a veces, cuando no hay miedo, permite soñar con libertad. Con la inocencia de un niño y la ilusión de un adolescente, soñé con estar a su lado para siempre. Con la crudeza del pensamiento de un adulto, desperté sabiendo que no sería posible. Seguir leyendo…

Psicología con P – Capítulo II
Tiempo aprox. de lectura: 8 min

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Soy un desastre, un fracasado, un amargado, un niñato, una víctima, un perdedor, un capullo… y la lista podría continuar. Ya son más de dos años de relación con Rocío y es muy creativa en lo que respecta a los insultos. Según ella, lo hace para que espabile, para ayudarme a crecer, a madurar y a superarme. Ah, se me olvidaba, y porque me quiere. Y tiene razón, soy todo eso, pero quiero dejar de serlo, y eso ella no lo cree. Cuando volví de la consulta de la psicóloga, estaba hundido. Además de ser un idiota, soy un ingenuo y pensé que dar “el paso”, como le llamaba Rocío, me ayudaría. No tengo remedio. Rocío me lo ha dicho casi a diario desde hace tiempo: “No tienes remedio”. No lo tengo, lo reconozco, pero no he dejado de intentarlo.

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Encuentro en Berlín – Capítulo II
Tiempo aprox. de lectura: 8 min

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Cuatro horas, una eternidad.

—[…] Señores pasajeros, les informamos de que aterrizaremos en unos cincuenta minutos. La temperatura en Gran Canaria es de veinticuatro grados, luce un sol estupendo y no hay rastro de nubes. Le agradecemos su confianza y le deseamos una feliz estancia. Bienvenidos al paraíso. Seguir leyendo…

Psicología con P – Capítulo I
Tiempo aprox. de lectura: 5 min

Pe salió temblando de su despacho. Recorrió el pasillo y abrió la puerta de la consulta de Ray sin llamar. Ray estaba de pie junto a la mesa, se despedía de un paciente. Se sobresaltaron al ver la cara de Pe en la puerta. El paciente salió cabizbajo sin decir nada y mirando de reojo. Ray intentó seguirlo por el pasillo para darle la nota con la siguiente cita pero no pudo alcanzarlo. ¿Pero qué diablos te pasa? Parece que has visto un fantasma, dijo mientras volvía. Pe empezó a contarle lo que le había ocurrido con el último paciente. Le contó que había sentido algo extraño al verle entrar. Que nunca le había pasado una cosa así y que no era capaz de quitárselo de la cabeza. Estaba exaltada, le faltaba el aliento, parecía necesitar esforzarse para pronunciar cada palabra. Seguir leyendo…

Encuentro en Berlín – Capítulo I
Tiempo aprox. de lectura: 7 min

Encuentro en Berlín.

Berlín. Los Planetas orbitaban en mi cabeza con dosis extra de frecuencias bajas. Su música enmudecía un rebaño de turistas japoneses en dirección al Museo de Pérgamo. Un desfile de olmos rociaba las aceras con las últimas hojas del otoño. Inhalaba frío y exhalaba vapor. Caminaba rápido, sólo veía edificios sin vida y calles mojadas. Sin darme cuenta, me había contagiado de melancolía, un virus sin antídoto, típico de zonas frías y carentes de luz. Por fin encontré algo abierto que parecía un bar. Todas las mesas estaban ocupadas. Me acerqué a la barra y pedí un whisky. Todos miraban hacia un televisor que colgaba de la pared. Rostros desconocidos mostraban un instante de sorpresa y se helaban de terror. El pánico se manifestaba con gritos contenidos que escapaban entre labios y dedos temblorosos. Seguir leyendo…