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Las movidas de Farfán

La viejita de Farfán
Tiempo aprox. de lectura: 6 min

Otras movidas de Farfán.

A las otras sufridoras del jaco.

La viejita, Dani, la viejita“, esas palabras pronunciadas con una voz sin volumen, me acompañaron durante el viaje de vuelta. Había estado hablando con mi tutor de tesis y volvía agotado. Era demasiado tarde para cumplir con la promesa de ir a ver a su madre.

Al día siguiente, después de llamar al hospital, me dirigí a la residencia de mayores. Al entrar, pensé en lo incomprensible que sigue pareciéndome la percepción del tiempo. Sí, lo sé, el tiempo es el tiempo. No se detiene. Sigue al mismo ritmo, sin excepciones, como una locomotora fantasma, un tren condenado a vagar eternamente por raíles oxidados. Cuando estaba en primaria, no recuerdo el curso, un maestro nos dijo que el tiempo pasaba volando. Que casi sin darnos cuenta estaríamos en el instituto, y luego iríamos a la universidad o a trabajar. También nos dijo que algunos de nosotros seríamos maestros, como él. En aquel momento, sus palabras me parecieron absurdas. Solo que las pronunciara un maestro, evitó que toda la clase riera a carcajadas. Ahora ya no está con nosotros, al menos en cuerpo. Su recuerdo está con su familia y también con muchos niños, que como yo, empezábamos a descubrir el mundo de las palabras y los números, los números y las palabras. Cuánta razón tenía. Qué difícil es creer en algo antes de vivirlo. Seguir leyendo…

En el salcai (Las movidas de Farfán)
Tiempo aprox. de lectura: 5 min

Puto jaco mierda. Todas las vidas merecen ser vividas.

Para quien no lo sepa, Salcai era el nombre de una de las empresas públicas de guaguas que operaban en Gran Canaria. Más tarde, después de una fusión de compañías, pasó a llamarse Global. Los viejos y los no tan jóvenes, seguimos cogiendo salcais cuando no tenemos coche. Así le sigo llamando yo a esos mastodontes cuadrados, antes verdes, ahora azul turquesa. Bestias metálicas que me llevaron acojonado por primera vez a la universidad, y me trajeron, desconojado y borracho, un montón de veces de fiestas y tenderetes. Los salcais transportaban vidas y experiencias en asientos de skay marrones. Siempre decorados con garabatos, rajas y agujeros. Tarea difícil, por no decir imposible, era encontrarlos intactos. Llegué a pensar que las primeras rajas y rayones venían de fábrica. De esa época tengo muchos recuerdos, la mayoría felices. Seguir leyendo…