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La parroquia endemoniada

El retrete del Comandante
Tiempo aprox. de lectura: 6 min

Del inframundo de la política local hasta el infinito. ¡Y más allá!

Marcial entró en el Comandante rojo como un tomate para salsa. Teniendo en cuenta el tamaño de la cabeza y el volumen corporal, poca sangre le circularía de cuello para abajo. El hombre venía del edificio de enfrente, el ilustre ayuntamiento, construcción recién reformada, de recias oficinas con ecos rebotados en paredes albeadas, límites de un ecosistema donde los ciudadanos se desesperaban con los funcionarios, los funcionarios desconfiaban de los concejales y estos últimos, agotados y sufridos, acataban cabizbajos los designios de la más alta instancia de aquel microcosmos municipal, el casi siempre ausente, pero a la vez omnipresente, alcalde sideral. El circuito de desesperación, resignación y poder visitaba con cierta frecuencia el despacho de la secretaria. Mujer profesional, foránea, confidente y, según las malas lenguas, coincidente de ciertas ausencias inesperadas y sospechosas del alcalde.

Marcial se dirigió al baño del Comandante sin dar las buenas tardes. Se echó mano al pescuezo y dijo:

—Chacho, chacho, chacho. Seguir leyendo…

El entierro de Benito – Cogotazo al cura
Tiempo aprox. de lectura: 7 min

Relato no recomendado para menores de 12 años.

Aquel día fue uno de los más tristes de mi vida. Enterrábamos a un amigo, y a pesar de que lo hacíamos entre sonrisas por el recuerdo, teníamos los corazones destrozados por su ausencia.

Todo iba “bien”, todo lo bien que puede ir teniendo en cuenta las circunstancias, hasta que el nuevo cura, un joven pavo real de cola esbelta y sotana ajustada, que atraía “solteronas” de la misma forma que la mierda atrae a las moscas, empezó con su sermón de despedida.

—¿Saben qué?

Comenzó el desgraciado, con una sonrisa angelical que nunca olvidaré. Las “solteronas” de la primera fila, asintieron y sonrieron como palomitas oyendo el arrullo del palomo buchón. Y hasta ellas se encogieron de hombros y se miraron unas a otras cuando el cura dijo:

—Me alegro de que Benito haya muerto. Seguir leyendo…

Un tío en Venezuela
Tiempo aprox. de lectura: 4 min

Para los que se tienen que ir, los que se fueron y los que se irán. De todos los pueblos del mundo.

Aquella noche, Anselmo nos recordó que tenía un tío en Venezuela. Todos sabíamos que lo quería con locura, y que hacía una fiesta cuando volvía para ver a la familia. Nos contó que en el cuarenta y nueve se embarcó en uno de esos veleros fantasma. Sí, uno de esos barcos de la flota pesquera canaria que desaparecían de las islas y no siempre llegaban a puerto. Quizás fuera por las plegarias de su madre, o simplemente por el azar, el barco del tío de Anselmo tuvo la suerte de atracar en Puerto de Carúpano, Venezuela. Fueron treinta y seis largos días con sus treinta y seis interminables noches. En un macuto remendado llevaba una muda, un retrato de la familia y un reloj que había heredado de su padre. Seguir leyendo…

La resurrección de Benito
Tiempo aprox. de lectura: 3 min

¿Recuerdan a Benito “el cojo”? Sí, el mismo, el de la parroquia endemoniada.

La noche de su resurrección fue mucho antes. A diferencia de la de Lázaro, el de Betania, la resurrección de Benito no requirió de la intervención de Jesús. Fue Belinda, la viuda del peletero, la que obró el milagro en el que ya habíamos perdido la esperanza. Seguir leyendo…

La parroquia endemoniada
Tiempo aprox. de lectura: 7 min

El «Comandante» era un bar tan pequeño que casi no existía. Una puerta de madera de muy mal envejecer lo separaba del mundo por el día. Nunca tuvo espacio para mesas ni sillas y el paso del tiempo, rítmico y despiadado, había convertido la cocina en un recoveco sin luz ni provecho. Había tan poca ventilación, que el aire peleaba con los clientes por el espacio. Los más viejos decían que aún podían percibir el aroma del ron con el que se brindó el día de la inauguración. La barra era una mole de roble que lo atravesaba de lado a lado. Estaba tallada con delicadeza y precisión por el maestro Gallardo, un ebanista muy respetado en el pueblo. En el centro de la talla destacaba el rostro de Che Guevara. Seguir leyendo…